sábado. 28.01.2023
Aznar preside hoy el consejo de ministros en Galicia, el territorio español más emocional y políticamente soliviantado por la catástrofe del Prestige, cuyos efectos colaterales se perciben de modo muy negativo en la crisis de la Xunta y en las reacciones levantiscas de un sector del PP regional. El alcalde socialista de La Coruña ofrecerá a la reunión del Ejecutivo «popular» la hospitalidad del ayuntamiento, lo cual ha disgustado ostensiblemente al nacionalismo gallego y más discretamente a algunos dirigentes del PSOE. Desde una perspectiva neutral, la decisión del alcalde coruñés simbolizaría el buen funcionamiento que debiera prevalecer en el engranaje del Estado autonómico. Es bien sabido que el consejo de ministros aprobará hoy un plan minuciosamente detallado para compensar a Galicia de los daños sufridos por el accidente y hundimiento del Prestige, pero como vivimos en precampaña electoral y a cada iniciativa del PP se anticipa otra del PSOE, o viceversa, no ha extrañado que ayer expusiera Zapatero, adelantándose veinticuatro horas al Gobierno, el plan socialista para la recuperación medioambiental, económica y social de la traumatizada región. Este plan se debatirá en el Congreso de los Diputados como proposición no de ley, y se iniciará así, en beneficio de Galicia, una especie de subasta para ver qué partido defiende más ayudas para aliviar los efectos de la catástrofe. Zapatero llega a los 7.000 millones de euros en cinco años, sugiriendo un crédito extraordinario de 1.500 millones para este año. Tendería además el consejo de ministros a exhibir ante los diputados populares más díscolos el peso del Gobierno y la unidad del PP fuera de Galicia. Pero los cinco rebeldes, a los que habría fallado el apoyo de la Diputación de Orense y, de modo muy especial, de la de Lugo, cuyos presidentes nunca han navegado contra corriente, pues la deriva del PP siempre les resultó favorable, estarían viviendo ahora su propia crisis de indecisión, pues mientras desde la sede madrileña de Génova se afirma que la disciplina reina de nuevo en el partido, ellos, o alguno de ellos, recordaba ayer que la crisis sigue abierta. Se trataría de la crisis suplementaria que han planteado a la Xunta por seguidismo al defenestrado Cuíña, hasta hace unos días señalado como delfín de Fraga. Rato decía ayer que «yo no creo que haya crisis en Galicia», y es posible que la presencia del Gobierno en La Coruña logre paliar sus efectos más desestabilizadores del partido, lo que sería deseable tanto para la gobernabilidad de la región o, en lenguaje periodístico, de la nacionalidad histórica como para que no se viera aún más tensada esta larguísima campaña electoral.

Territorio hostil
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