jueves 20.02.2020

TRIBUNA | Ratiños

bierzo

Castillo Solórzano ya en el siglo XVII se refirió a los bercianos como los ratiños, aquellos hombres y mujeres que faltos de una identidad, una estructura de poder y unas instituciones propias, bailaban en la cuerda floja de las tierras de León y de Galicia. Hombres y mujeres a los que el autor se refería como «ni bien era cristiano, ni dejaba de serlo». Hombres y mujeres desamparados de identidades fuertes por culpa de una caprichosa situación geográfica. El país al que solo se entra bajando como señalaría ya bien entrado el siglo XX Fernando García Pérez. 


Un crisol de culturas, lo llamaría Francisco González González. Una convergencia perfecta entre tres tradiciones diferentes e iguales, hermanadas por la historia y por la cultura, pero donde entran preciosos y enriquecedores matices que hacen a su vez de España, otro gran crisol de culturas. Pero me quiero centrar en El Bierzo. 
El Bierzo es, como ya en su día la campaña de turismo anunciaba, la esencia del noroeste. Pues bebemos perfectamente tanto del agua asturiana, como leonesa, como gallega y es el momento de estar orgullosos de ser los guardianes de estas tres culturas. ¿Cuál es el problema de todo esto? Veámoslo. 
En el último mes, el ayuntamiento de León aprobó una moción a favor del derecho constitucional a establecer la región leonesa como comunidad autónoma. Es decir, León sin Castilla. Se han sumado ayuntamientos o conceyus —para el que le hubiere el menester— que han aprobado sus propias mociones como en Cuadros (León). En El Bierzo solo Socialistas por Cacabelos emitió un comunicado hablando de llevar la moción al Ayuntamiento de Cacabelos e integrando la provincia de El Bierzo en la moción por la autonomía de la región leonesa. 


A la vez, personalidades de El Bierzo como escritores ya se han posicionado a favor y ya circula un manifiesto por toda la provincia de León con más de 500 firmantes. Así como peticiones en plataformas en Change.org. Un servidor no entrará a discutir sobre la región leonesa o no. Simplemente diré que en mi opinión, los leoneses, al igual que los bercianos, zamoranos, salmantinos o los turolenses, tienen derecho a elegir su futuro y su encaje territorial dentro de España. 
El problema, como casi siempre viene a la hora de repensar nuestro territorio político. Nuestras instituciones y nuestra forma de vida. Hemos tenido, desde 1991, un reconocimiento de comarca, la primera de España reconocida y gozamos incluso de una institución local como es el Consejo Comarcal de El Bierzo. Pero, de facto, ¿goza de alguna potestad? No, todo han sido cesiones de la Junta de Castilla y León. No tiene presupuesto propio pues no recauda ningún impuesto, por lo tanto su capacidad de movimiento y desarrollo de políticas públicas es muy estrecho. Si que una diputación goza de más estatus, pues es una administración local con una legislación mucho más amplia.


¿Queremos ser leoneses? ¿Queremos ser gallegos? ¿Asturianos? ¿Portugueses? ¿Alguien nos ha preguntado alguna vez? A esta última me permito el lujo de responder yo. La respuesta es un rotundo ¡no! Simplemente hemos asistido desde 1983 a una copla berciana constante «Cual tesoro q’a codicia, de dous avaros escolta, con xusticia o sin xusticia tira por ela galicia, máis Castilla non a solta». Donde lo que fue un territorio próspero, de frontera, rico tanto en culturas como en la convergencia que ellas hacían se ha convertido en un problema institucional de segunda. Una tierra sin oportunidades, sin latidos ni síntomas de mejora. Lo que podría ser un ejemplo verde para el resto del país es una vergüenza nacional y un olvido histórico.


Quizás es hora, de como señaló González González, de poner el Bierzo en el mapa en la encrucijada histórica —abierto el melón de las autonomías—. Quizás el leonesismo no tenga el músculo como pasar de un movimiento espontáneo a una oportunidad histórica. Quizás el bercianismo tiene que empezar a definir qué es El Bierzo antes de señalar que se quiere. Sin un punto de partida, no habrá una meta. No construyamos la casa por el tejado.


Razones faltan para protestar por nuestra tierra, una tierra rica, noble y de gente trabajadora, que en vez de protestar, ha huido, se ha exiliado. Está en Madrid estudiando y no podrá volverse aquí. Se ha quedado en paro con 45 años y se va a la Renault de Valladolid con un contrato temporal. Cumplió 78 años el año pasado y ha tenido que dejar su pueblo de toda la vida, por qué la Junta de Castilla y León dejó de prestar un servicio sanitario allí. Ese es nuestro Bierzo. Un Bierzo terriblemente castigado por la crisis y por las dinámicas del capitalismo financiero y transnacional.

TRIBUNA | Ratiños
Comentarios