Diario de León
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Silla baja josé álvarez de paz

Observar el comportamiento de otros animales puede ser una clase práctica de buen comportamiento público. Hablando de animales en animado filandón, filosofaba uno del lugar que algunos animales tienen más entendimiento que sus amos, a lo que, sin pensarlo, apostilló otro: «el mi perro, por ejemplo». Viene esto a cuento de un correo que me envía mi amiga Marga Elespp sobre ciertas reglas de los gansos cuando van volando, actuando según su naturaleza, no menos instructivas que otras lecciones que recibimos todos los días de gatos, perros o estorninos.

Si fuéramos tan observadores como los gansos, sabríamos que el colectivo rentabiliza en un 71% más el alcance del vuelo con relación al de un pájaro volando por libre. Ellos saben que compartir dirección y objetivos en tiempos difíciles permite a todos llegar más pronto y con menos riesgos al destino, sin necesidad de recordar en plena travesía que no somos hijos de la misma madre, que arrieros somos.

Cuando un ganso sale de la uve, comprueba enseguida que no sólo van peor los demás, sino que es él mismo quien pierde vuelo y credibilidad, por eso regresa rápidamente a la formación, para aprovechar el nivel de elevación de los que van delante. Saben los gansos que uniendo esfuerzos la meta está más cerca para todos, con un gasto menor y sin riesgos mayores, que bastantes tiene la tramontana por sí misma, para ponerse a recordar agravios y malos rollos, de eso ya se hablará cuando estemos en la campiña. Por eso está dispuesto a encabezar cualquiera la formación si el líder flaquea o se muestra errático. Saben compartir el liderazgo durante la travesía, arrimar el hombro en tiempo de tribulación, juntar conocimientos, habilidades y talentos.

Los gansos que vuelan en retaguardia, si ven que el líder desfallece, graznan para darle ánimos, no para hundirle a riesgo de hundirse todos. Saben que una ayuda a tiempo es productiva para todo el grupo y saben que el esfuerzo de todos es necesario, hasta el punto de abandonar algunos la formación para unirse al que zozobra, arropándole hasta que muere o se recupera.

Así consta en documentados estudios sobre el comportamiento de los gansos.

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