Noceda bilingüe
Silla baja josé álvarez de paz
El grupo escolar Antonio Machado de Noceda y otras localidades del Bierzo, impartirán enseñanzas en lengua inglesa a partir del próximo curso. Pocas noticias de tal importancia y alcance se producirán en nuestro mundo rural en muchos años. Me pregunto cómo se arreglaron aquellos emigrantes, entre ellos mi padre, para llegar tan lejos. Ninguno regresó rico, pero algunos lo hicieron chapurreando inglés. Otros como Juanete y el tío Gabino, participaron en la construcción de la octava maravilla del mundo, a pesar de que en aquel tiempo los niños de Noceda, enclave ganadero, sólo iban a la escuela por las grandes nevadas, cuando el ganado permanecía estabulado. Ellos se las arreglaron como pudieron.
Empecé a estudiar inglés a los doce años y puedo afirmar, con mi amigo Joaquín Leguina, que me encajaría bien aquel famoso epitafio: aquí yace un estudiante de inglés. Quiero decir que en idiomas lo que no se aprende de párvulo se aprende tarde y mal. Después de varias inmersiones en Londres y en Edimburgo, y a pesar de los buenos profesores que puso a mi disposición el parlamento Europeo durante ocho años, aunque el mejor de todos fue el profesor Edwin de Ponferrada, muchas veces, especialmente en reuniones de trabajo en Australia y Nueva Zelanda, sentí el vértigo de aquel que pierde pié al cruzar un río y no sabe nadar. Por eso me alegra mucho que los niños de mi pueblo, que cada vez son más listos, su mente es como una esponja sin las calcificaciones que va depositando allí el paso del tiempo, puedan aprender a hablar idiomas antes de volar como gorriones a donde la vida les lleve, llegado el momento de alzar el vuelo. Aquellos emigrantes y quienes tuvimos que trabajar por diversos motivos fuera de España, no íbamos tan bien equipados en idiomas como en otras disciplinas. En nuestro sistema educativo la enseñanza de idiomas ha sido un fracaso colectivo, en mi modesta opinión. Ahora solo falta que además de enseñarles inglés se lo enseñen bien, es decir para que lo puedan hablar, pues las lenguas son en definitiva un instrumento al servicio de la comunicación entre los seres humanos.