Diario de León

Arde un piso en La Rosaleda debido al estallido de un ordenador portátil

Los servicios de emergencia atendieron a dos personas intoxicadas leves por el intenso humo que contaminó el hueco de las escaleras del edificio de ocho plantas

Un bombero ayuda a los residentes que desalojaban el edificio después una hora de encierro.

Un bombero ayuda a los residentes que desalojaban el edificio después una hora de encierro.

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carlos fidalgo | ponferrada
Ponferrada

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Tenía el ordenador portátil en las rodillas. Lo tenía conectado con la batería y tecleaba. Y estalló. Entonces se lo quitó de encima instintivamente para no quemarse y el aparato fue a caer sobre un colchón, el colchón se incendió, el fuego se propagó por el salón antes de que nadie pudiera apagarlo, y cuando quisieron darse cuenta, las llamas devoraban la habitación y tenían que abandonar el piso a la carrera.

Sucedió en el 2ºA del número 12 de la avenida de La Lealtad, en el arranque del barrio de La Rosaleda de Ponferrada, minutos antes de las tres de la tarde de ayer. Cuatro jóvenes se llevaron el susto de su vida después de que una explosión en el ordenador que manejaba uno de ellos acabara incendiando el piso de alquiler que ocupaba otra de las afectadas. La inquilina de la vivienda, P.M.B, de 30 años, acababa de subir a su casa tras darse un baño en la piscina comunitaria, según relataron sus vecinos, y atendía a dos visitantes mientras otro amigo usaba el portátil cuando ocurrió todo.

Los cuatro, contó minutos después a este periódico P.M.B, tuvieron que dejar la vivienda después de pedir ayuda por teléfono al comprobar que el fuego se les iba de las manos. Los servicios de emergencia; una dotación de bomberos, patrullas de la Policía Local y la Nacional y una ambulancia del 112 llegaron en pocos minutos al lugar del suceso. La ventana del salón y las persianas habían caído sobre la acera debido a la corriente de aire que penetraba desde la puerta abierta de la vivienda y una densa humareda contaminando el hueco de las escaleras del edificio de ocho plantas impedía a parte del vecindario abandonar el inmueble.

«Desde el quinto piso para arriba, todavía había gente en sus casas. Les pedimos que no salieran, que se alejaran de las puertas y colocaran una toalla húmeda en el suelo mientras ventilábamos», relató el sargento de bomberos Bartolomé Esteban.

Diez minutos bastaron para sofocar las llamas. El ventilado de la escalera llevó más tiempo y una hora después, las asistencias del 112 podían atender a los vecinos atrapados en sus casas, que por fin pudieron bajar a la calle. Finalmente no fue necesario ingresar a ninguno, aunque a una de las ocupantes de un piso en la planta octava, I.A.P, de 24 años, le costaba respirar. «Abrió la puerta de la escalera y tragó humo», contó su pareja. El 112 también asistió a un varón de 73 años, J.E.Q.B por leves problemas respiratorios. La avenida de la Lealtad estuvo cortada una hora y media.

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