El pregón de Alonso defiende el pasado como el método para no perder el alma
El científico investigador del cáncer mira «hacia atrás pensando en el futuro»

El científico Ángel Alonso, ayer pregonando las fiestas desde la balconada de la Casa Consistorial.
El científico y reconocido investigador en la lucha contra el cáncer, Ángel Alonso, abrió ayer noche de forma oficial las fiestas de Bembibre con su pregón. Alonso echó mano de la tradición en un pregón que según sus propias palabras fue una mezcla de su fantasía y los recuerdos de la niñez, de su nostalgia y de la identidad de un pueblo que es el suyo, el de Bembibre. Un pregón que decide mirar hacia atrás «pensando en el futuro, «que desea retener y nunca olvidar aquellos momentos felices en la vida de un pueblo». Y dio una receta gratis: «Amigos, el pueblo que no cuida sus tradiciones se iguala al hombre que ha perdido su alma; ambos tienen una figura, pero carecen de sustancia».
Ángel Alonso trasladó en el tiempo -”a los cientos de personas que siguieron sus palabras debajo de la balconada de la consistorial-” al día 12 de septiembre de 1951. Entonces, las noticias del Ayuntamiento las notificaba el alguacil, que de aquella era un tal David, más conocido como El Pilo. Recorría el pueblo con «una manada de chavales detrás», y en los lugares elegidos leía su bando. Llevaba consigo un tambor. Así que, en el pregón de ayer también sonó con redobles como premonición de una noticia: «El alcalde presidente del Ayuntamiento de Bembibre hace saber que a partir de mañana 13 de septiembre, se celebrarán en nuestra villa las tradicionales fiestas en honor al Santísimo Ecce-Homo». Y así, con recuerdos de la hoguera, la búsqueda de las «barillas» de los cohetes, los fuegos artificiales, los pasacalles a cargo de bandas militares, la misa del arcipreste del Boeza Alonso Montiel con los párrocos de Albares, La Ribera, Folgoso y Viñales, o los sones del himno nacional durante la consagración, Alonso fue desgranando las fiestas de aquel año 1951. La Deportiva Ponferradina jugó aquel año contra el Atlético Bembibre y ganaron los de Bembibre por 2-1, «repartiendo leña los deportivistas a diestro y siniestro». Luego estaban las cucañas y los saltos del pellejo, con diez mozos heridos sin dientes y otros con brazos rotos. Había baile vermut y corrida de novillos, tiro al plato en Pradoluengo y baile en la plaza del Generalísimo. La fiesta finalizaba el 16 con música de rondalla y la invitación a los bembibrenses a ser «hospitalarios con los forasteros». Todo un 1951.