Condenas que merecen la pena

Tres mil condenados por faltas o delitos menores, un millar en el Bierzo, han cumplido su sanción o evitado la cárcel trabajando en oenegés de la provincia

Francisco, constructor de 31 años, realiza su trabajo social en el centro El Urogallo de Cáritas, do

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carlos fidalgo | ponferrada
Ponferrada

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No quieren salir en ninguna foto. Salvo excepciones, prefieren no hablar por vergüenza. Pero su número crece y ya son tres mil en tres años, un millar de ellos en el Bierzo, los condenados por faltas o delitos menores que han cumplido su pena o incluso han evitado la cárcel realizando jornadas de trabajos sociales en alguna de las oenegés de la provincia.

Ocho de cada diez sentenciados a realizar trabajos sociales, según las estimaciones del Servicio de Gestión de Penas y Medidas Alternativas de Instituciones Penitenciarias en León, han sido condenados por conducir en estado ebrio. A la retirada del carné de conducir, y desde que el Ministerio del Interior comenzó a aplicar la alternativa del trabajo social en el 2007, los jueces añaden en los casos más graves condenas que pueden llegar a las 90 jornadas, a razón de cuatro horas diarias, para que nadie pierda su trabajo ni deje de atender a su familia.

No es el caso de Francisco, empresario de la construcción de 31 años que ha evitado cumplir una pena de prisión de 18 meses por estafa ayudando a hacer los deberes a niños y adolescentes en el Centro El Urogallo que Cáritas atiende en el barrio ponferradino de Flores del Sil. De carácter extrovertido, Francisco, que prefiere no dar sus apellidos, sufrió dos sentencias condenatorias por estafa después de que la constructora familiar que gestionaba tras la muerte de su padre quebrara y fuera incapaz de satisfacer las deudas con todos sus proveedores. «Dos de ellos me denunciaron porque entendieron que actué de mala fe al intentar acabar unas obras cuando la empresa ya estaba hundida», explicaba a este periódico el pasado viernes. Con la segunda condena, su ingreso en prisión estaba cantado, pero el fiscal accedió a sustituir la pena por 365 días de trabajo en beneficio de la comunidad, una alternativa conocida como por sus siglas de TBC.

Después de siete meses acudiendo por las tardes a El Urogallo, Francisco está encantado con el cambio. Y por lo que dice, su escala de valores también ha cambiado. «Cuando estás con estos chavales, te das cuenta de que a tí, lo único que te falta es el dinero. Aquí ves niños que tienen que pedir un bolígrafo o un cuaderno porque en su casa no tienen para comprarlos», asegura. Francisco ha pintado parte del aulario, ha colocado una puerta e incluso se ha encargado de serigrafiar camisetas para los escolares que acuden al centro parroquial

Cáritas ha acogido en Ponferrada a medio centenar de condenados en tres años, pero en otras asociaciones como Proyecto Hombre ya suman 74, y el Banco de Alimentos del Sil con más de 150 se encuentra entre las asociaciones que más condenados leves recibe. En Proyecto Hombre, atienden el teléfono, arreglan jardines o acompañan a los voluntarios en las guardias mientras conviven de cerca con el problema de las adicciones a las drogas. Algunos, cuenta el responsable de la oengé eclesial, Jorge Peña, se acaban quedando como voluntarios. «Ahora mismo tenemos a ocho personas ayudándonos que empezaron a venir para cumplir con un TBC», cuenta.

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En el Banco de Alimentos, que da de comer a 3.300 personas sin recursos en el Bierzo, suelen emplearlos como mozos de carga. Pero otra veintena de asociaciones e instituciones, desde el Consejo Comarcal o el Ayuntamiento de Ponferrada a la Cruz Roja o las organizaciones de enfermos de Sida, de Alzheimer, o de apoyo a todo tipo de discapacitados también ponen a los condenados por faltas leves en contacto con la parte más dura, y la más solidaria, de la sociedad, apuntalando los cambios que está experimentando el sistema penitenciario.