Roban 40 portátiles en una academia tras asaltarla cuatro veces
El propietario de Marengo ha optado por dormir con un palo dentro del local

David Castañeiras enseña el palo que tiene como arma en caso de que vuelvan a robarle.
David Castañeiras Folgueral está desesperado. No sabe ya qué hacer para impedir que le roben en su academia Marengo, situada en el Polígono de las Huertas, en Ponferrada. En lo que va de año le han asaltado de noche el negocio cuatro veces y le han llevado en total cuarenta ordenadores, la mayoría de ellos portátiles.
La última vez que le entraron en el local fue esta semana, el pasado miércoles día 3. Le reventaron el cristal y los 15 ordenadores portátiles que acababa de comprar y tenía recargando la batería, desaparecieron. En cinco meses, -desde el pasado 5 de mayo que comenzó su pesadilla-, ha perdido 25.000 euros. Sólo por los 15 portátiles que le sustrajeron esta semana había pagado 7.000 euros.
«Me siento impotente, intimidado y perseguido; sé que esto lo está haciendo alguien que me sigue los pasos», manifiesta el propietario de la academia, enseñando el abundante número de denuncias que ha presentado ante la Policía Nacional y Municipal. David Castañeiras explica que ha recurrido a todo, que la policía ha investigado el caso, pero con nulos resultados, y el problema es que sigue temeroso de nuevos asaltos.
Por eso, ha decidido tomar cartas en el asunto. Como no puede contratar a un agente de seguridad para vigilar, -dado que ello supondría, por el coste, el cierre de la academia- ha optado por ser él el propio vigilante. Hay noches que las pasa dentro del local, armado con un palo similar a un bate de beisbol (en realidad es el mango de una azada). De esta forma espera sorprender a la persona o personas que le han robado y se atrevan a intentarlo de nuevo, antes de avisar a la policía.
Castañeiras hace veinte años que lleva con la academia Marengo abierta y lo que está viviendo ahora en Ponferrada nunca lo había experimentado. «Antes venía a trabajar y hoy vengo pensando en abrir y ver si hay cristales por el suelo y si me han robado otra vez; así no se puede vivir», se queja. Añade que no tiene enemigos: «Creo que no tengo enemigos, pero la persona que me roba conoce mi forma de vida y trabajar; creo que tengo un récord de robos en tan poco tiempo y me pongo envenenado cuando escucho que esta es una ciudad tranquila; lo será, pero no para mí», remarca molesto.