EL CRIMEN DE LAS VENTAS | DECLARA EL ÚNICO PROCESADO
«Quiso tirarse del taxi en marcha pero al abrir la puerta sonó un tiro y cayó a plomo»
El imputado por la muerte del taxista de Ponferrada reitera que estaba coaccionado por el autor del crimen

Pedro Rozas Álvarez llega a la Audiencia Provincial con la cara cubierta escoltado por dos agentes
Pedro Rozas Álvarez, el joven al que se juzga desde ayer en la Audiencia Provincial de León acusado de haber tomado parte en la muerte de un taxista de Ponferrada el 19 de agosto del 2008, insistió en su versión inicial, de acuerdo a la cual su participación en los hechos fue meramente testimonial y reiteró que actuaba coaccionado por el autor material del disparo que acabó con la vida de la víctima: «Yo creo que el chaval se dio cuenta de que algo estaba pasando y trató de tirarse del coche en marcha. Abrió la puerta y en ese momento se oyó un ¡plom! de un disparo y yo me asusté. Ví que caía a plomo y me dí cuenta de que (Florencio) lo había matado».
La Sección Tercera de la Audiencia Provincial dejará hoy listo para sentencia el juicio que ayer se inició contra Rozas Álvarez, de 32 años vecino de Bembibre y residente ocasional también en Cabañas Raras, que se expone a una condena de 26 años y 11 meses de prisión por asesinato, robo con violencia y tenencia ilícita de armas, así como otro presunto delito de hurto de vehículo a motor en grado de tentativa, según las calificaciones provisionales del Ministerio Fiscal. Además se propone una indemnización de 150.000 euros para los padres.
La acusación particular, que defiende los intereses de la familia de la víctima, eleva a 38 años de prisión la pena que solicita, mientras que la defensa sostiene que el procesado es inocente de los cargos que pesan sobre él y considera que procede la libre absolución. Para el caso de que fuese condenado, reclama que se tengan en cuenta las atenuantes de intoxicación por consumo de drogas, la de obrar por miedo insuperable y la de colaborar de forma altruista y desinteresada al confesar los hechos a la Guardia Civil.
Estaban de acuerdo. Según la versión de la fiscal, el imputado y Florencio Domínguez García, el autor del disparo que acabó con la vida del taxista, se pusieron de común acuerdo para atracar a la víctima y le requirieron para realizar una carrera desde la estación de Ponferrada. Hicieron que les llevara hasta un descampado de Las Ventas de Albares, donde acabaron con su vida y tras robarle la recaudación del día y algunos efectos personales, se dieron a la fuga.
«Cuando íbamos con el taxista yo estaba muy nervioso. Me dio miedo que pasara lo mismo que en Salamanca (donde dispararon a otro taxista que logró escapar ileso en otro atraco tres semanas antes), me puse a temblar y se mosqueó. Empezó a mirar por el retrovisor todo el rato para controlar lo que hacía mi compañero en el asiento de atrás y al final decidió tirarse del taxi en marcha. Sonó el tiro y cuando quise darme cuenta, el taxista estaba tirado en el suelo. Yo quise salir a ver qué pasaba pero me caí y empecé a gritar a Florencio: '¡Estás loco! ¿Qué has hecho?' y me dijo: 'Cierra la boca o te meto otro tiro a tí y a tus hermanos' y tuve que ayudarle».
Contradicciones. Según la versión del imputado, tras el crimen regresaron andando hasta Bembibre, donde se quedaron a dormir. «A las siete de la mañana me despertó y me mandó volver en autobús a Ponferrada y me dijo que si se lo contaba a alguien, me pegaba un tiro». La Guardia Civil, no obstante, presenta en el sumario un video en el que se ve a los dos supuestos delincuentes tomando un tren en dirección a Ponferrada a las cuatro de la madrugada de la noche de autos.
No fue la única contradicción en la que incurrió. «Conocía a Florencio desde la semana anterior», declaró el procesado. «Usted participó con él en dos delitos más en Salamanca. Y eso fue tres meses antes...», le espetó la fiscal.
Pedro Rozas enterró dos paquetes en un jardín cercano a su domicilio de Cabañas Raras. Contenían el móvil del taxista y el resto de la munición que quedó sin emplear después del crimen. «Los enterré porque me lo mandó Florencio, pero yo no sabía lo que había dentro». Los agentes de la Guardia Civil que prestaron testimonio ayer reconocieron no obstante que sin la confesión del joven nunca hubieran encontrado el material «aunque teníamos detectores de metales».
Arrepentimiento. El imputado cerró su turno de intervención con un acto de contricción: «Me arrepiento mucho de todo lo que ocurrió, pero no pude impedirlo porque fue todo muy rápido. Si llego a saber que venía a matarlo, no subo al taxi», explicó el sospechoso.
Sin embargo, en la sala se escucharon testimonios de acuerdo a los cuales los dos supuestos delincuentes habían quedado de acuerdo «para darle el palo a un taxista» por sus problemas económicos: «Florencio me prestó 300 euros para pagar el alquiler del piso y desde entonces me obligaba a hacer todo lo que él quería. Cuando lo detuvieron, lo confesé todo».