Los trazos que Carralero deja en la voz de 68 poetas del mundo
El editor de la antología sobre la obra del pintor cacabelense y el propio artista presentan en Ponferrada un libro que tiende puentes entre la poesía y la pintura

ana f. barredo
«La pintura es poesía», decía anoche José Sánchez Carralero, citando una frase que el poeta latino Horacio pronunció hace dos mil años. Y el pintor de Cacabelos tenía motivos para recordar al hijo del liberto que en tiempos de Julio César y Octavio fue autor de sátiras, odas y epístolas, porque ayer presentaba en Ponferrada un libro bilingüe de poemas nacidos de sus cuadros. Sesenta y ocho voces diferentes para hablar de los trazos de Carralero, que ha cumplido 68 años.
La idea de celebrar el cumpleaños del pintor con una antología partió del poeta peruano afincado en Salamanca Alfredo Pérez Alencart, editor del volumen El paisaje prometido. Sesenta y ocho poetas del mundo para un pintor de Castilla y León -”publicado por la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos de Salamanca-” que recoge la selección de versos de autores de todo el mundo inspirados por la obra del cacabelense. Sin que Carralero supiera nada hasta el final del proceso, Alencart se puso en contacto con autores tan lejanos como la japonesa Satoko Tamura, traductora de Lorca y Vargas Llosa, el coreano Cho Seung-Hui, el francés Jacques Ancet o el iraquí Abdul Sadouin para que eligieran un cuadro de Carralero y dejaran salir la poesía. El resultado es un lujoso volumen con reproducciones de cada cuadro, el poema original y su traducción al castellano, cuando el autor escribe en otra lengua, que Carralero y Alencart presentaron ayer en la Casa de la Cultura de Ponferrada.
«El pintor ve metáforas», explicaba Carralero minutos antes de la presentación, a la que acudió el alcalde Carlos López Riesco, la concejala de Cultura, Susana Téllez o la presidenta del Instituto de Estudios Bercianos, Mar Palacio, entre otros. Y ve metáforas, aseguró el pintor buscando la conexión entre su arte y la poesía, porque «la pintura nunca debe ser un inventario de lo que vemos».
Así nacen versos como los de Tamura: «Dentro del azul de los adobes están escondidas/ las pequeñas muertes». Los del cubano Pío E. Serrano: «Desnudo, el árbol,/ reposa los excesos del verano». O los del propio Alencart, que emocionado por el retrato Indita , de una niña de El Salvador, escribe «Unos ojos saben/ que no es casualidad/ toda pobreza».
Y no faltan los poetas más cercanos, como Antonio Colinas, que ante su retrato dice «huesos floridos/ cenizal que queda/ después de arder los bosques seculares». O el poeta de Corullón Antonio González-Guerro, que nos advierte de que «Ha estallado la luz como un gemido./ Sobre el barro impoluto y verdadero/ de tu pincel estricto, Carralero,/ ha estallado la luz y no te ha herido». Como en sus cuadros.