Diario de León

José Luis González pita la fiesta

El árbitro de Primera División sacó su silbato para dar comienzo a las celebraciones en Ponferrada.

No podía ser de otra forma. José Luis González concluyó su pregón dando el pitido inicial de las fiestas de La Encina.

No podía ser de otra forma. José Luis González concluyó su pregón dando el pitido inicial de las fiestas de La Encina.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Acercó su silbato a la boca, dejó de hablar y soltó un pitido muy parecido al que usa para dar comienzo los partidos. Y lo que anoche comenzó fue la fiesta.

El árbitro ponferradino de Primera División José Luis González ejerció ayer de pregonero de las Fiestas de la Encina. Y lo hizo sin olvidar su silbato, sabiendo que un árbitro «está en el centro del huracán y tiene que lidiar con toros con astas afiladas», pero contando con que en la ciudad donde nació en 1974 «hay un montón de amigos y conocidos que colapsan mi móvil antes y después de los partidos».

Acompañado por el alcalde, Carlos López Riesco, y por la corporación municipal, la reina y las damas de las fiestas, su mujer Elena y su hijo de seis meses, José Carlos, González comenzó reconociendo la afluencia de público en la plaza del Ayuntamiento. «Hay campos de Primera que ya quisieran una afición como esta». No escatimó agradecimientos al alcalde por elegirle como pregonero, y reveló su visión idealizada del Bierzo, «una comarca preciosa surcada de arroyos y ríos cristalinos que bajan de las montañas, en las orillas de las cuales se asientan pueblos en cuya piedra está escrita la historia de nuestros antepasados», dijo. Y tampoco le importó mostrarse sentimental al hablar de su tierra. Celtas, romanos y templarios, añadió, «encontraron aquí el oro que tanto buscaron, pero no me refiero al oro que estáis pensando, el del yacimiento aurífero de Las Médulas (...) sino al oro que se encuentra en los corazones de las personas que han habitado esta tierra ya desde tiempos inmemoriables, ese oro que no se ve pero que es una de las joyas que nos viste a todos».

«Bercianito». González, que acaba de ser padre, tuvo un recuerdo especial para su «bercianito» Juan Carlos y su mujer Elena, para sus padres «por haberme convertido en un hombre de bien». Animó a los forasteros a descubrir el Bierzo y las fiestas de Ponferrada. Recordó su infancia, cuando le gustaba «surcar a gran velocidad la pista de coches de choque para impactar de frente contra cualquiera que cruzara en ese momento». Y quizá ahí esté el secreto de su energía cuando no deja que le discutan una falta. Después, convocó a los presentes «a la música, al amor, a la risa, a la generosidad, a soñar despiertos», y sacó el silbato para pitar el comienzo de las fiestas.

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