Junta y ecologistas se contradicen sobre el daño del fuego en Ancares
Los dos difieren sobre si las llamas entraron en las «morteiras».

El incendio en la zona de Tejeira sigue activo.
Los servicios forestales de la Junta de Castilla y León dicen que no, pero los ecologistas afirman todo lo contrario. Los primeros aseguran que las llamas «no han penetrado» en las «morteiras» de los montes de Tejeira (Villafranca del Bierzo), en plena zona berciana de Ancares Reserva de la Biosfera. Sin embargo, también ayer, desde el colectivo ecologista A Morteira decían todo lo contrario y resumían que «el fuego destruye el futuro de as morteiras de Tejeira».
La Junta trata de minimizar en su comunicado oficial el impacto del incendio y asegura que de las 160 hectáreas afectadas «más del 90% de la superficie afectada por el fuego corresponde a laderas de matorral bajo, brezales, formaciones vegetales mantenidas debido a los episodios recurrentes de incendios que se vienen sucediendo a lo largo de los últimos siglos en toda la comarca». La Junta echa mano de una foto aérea para demostrar que «as morteiras» no están afectadas, dado que se mantiene el verdor de la vegetación rodeado completamente del negro dejado por la quema de los montes. As morteiras son formaciones vegetales de masa arbórea de diversas especies, ubicadas generalmente sobre arroyos o suelos frescos, pedrizas o umbrías, lo que las hace menos vulnerables a los incendios.
Pedra Cabalar y Rudimeo. Los ecologistas de A Morteira aseguraban ayer que esas formaciones boscosas del entorno de las Alzadas de Villar de Acero, las fuentes de Tejeira y Rudimeo, en la ladera de Pena Rubia «han sido duramente castigadas, pues el fuego penetró en su interior y destruyó todo el perímetro de regeneración natural, de expansión».
Según A Morteira, se han perdido «muchos años de paciente trabajo del bosque por expandirse y la avanzadilla de abedules, con los capudrios y rebolos detrás, que son los colonizan y preparan el terreno para que el resto de sus hermanos les sigan, fueron totalmente arrasados, acabando con un paciente trabajo de expansión del bosque que veníamos observando desde hace más de 30 años. Todo desapareció en pocas horas. El fuego destruyó el futuro del bosque, cada vez más pequeño y confinado en los arroyos, torrenteras y pedrizas».