Las prostitutas de Piélagos y Ponferrada trabajaban bajo presión y con «miedo»
Prosigue el juicio en Santander contra el cabecilla de la red cántabro-berciana.
Las prostitutas que trabajaban en los clubes de Piélagos (Santander) y Ponferrada, y que formaban parte de la red por la que se juzga en la Audiencia de Cantabria a su presunto cabecilla, lo hacían en condiciones penosas. En la segunda sesión del juicio, se conoció la declaración de una de las chicas a la Policía y al Juzgado de Instrucción, relatando que vivían en condiciones «extremas» y que tenían «miedo».
El testimonio de esa mujer, que ya falleció, se reprodujo en la sala como acusación contra las cinco personas a las que se atribuye su pertenecía a la red de trata de blancas de La Aguada de Piélagos y del club ponferradino A-3. La penas que se piden para ellos suman 63 años de prisión, casi la mitad para el presunto cabecilla.
La testigo fallecida había apuntado a J.M.C. como líder de la trama y que a su vez era el propietario de los dos locales señaló además como propietario de los dos locales de alterne. Aunque éste aseguró el lunes que sólo gerenciaba los clubes y que se portaba con las chicas como un padre.
En la sesión de ayer declaró como auténtico titular de los clubes M.J.F., quien desmintió en contra de su primera declaración que el fuera una especie de testaferro de J.M.C.. Lo atribuyó a un estado pasajero de nerviosismo.
La defensa de los acusados también puso el acento ayer en desmentir el testimonio de la acusación respecto a los presuntos insultos y agresiones que se sucedían en el interior de los clubes contra las mujeres, a las que además se les cobraba por todos los servicios el material que demandaban.
El dueño, M.J.F, aseguró que las chicas «salían solas» y que no eran en ningún caso agredidas ni física ni verbalmente. Todos los acusados coincidieron ayer en apuntar a M.J.F como titular del club A-3 de Ponferrada en contra de las tesis de la fiscalía.
El encargado de Ponferrada. En la misma dirección que el resto de imputados, encargado del local de Ponferrada compareció ayer como testigo para refrendar que no vio nunca amenazas o agresiones. Este aseguró además que cuando trasladó en una oportunidad coche a dos de las chicas a Santander, no las estaba ayudando a escapar. Aunque ambas se convirtieron luego en las dos primeras denunciantes que dieron pie a la acción policial y judicial contra la red.