Uno sube y el otro no
Dos hermanos viajan por separado al mismo centro escolar de Bembibre porque la Junta sólo concede transporte a uno.

Rocío Belén Peinado y su hijo Miguel esperan a Adrián, que regresa del colegio en autobús.
A las ocho menos cuarto de la mañana, Adrián, que tiene 13 años de edad y vive desde este curso en Almázcara, se sube al autobús del transporte escolar para acudir a sus clases de segundo de la ESO en el instituto Álvaro Yáñez de Bembibre. Pero su hermano Miguel, que tiene un año menos y está matriculado en el mismo centro escolar, no puede hacer lo mismo y su madre tiene que recurrir a un vecino para lo lleve en coche particular hasta las puertas del colegio.
Rocío Belén Peinado, la madre de los dos niños, no alcanza a entender porque la Dirección Provincial de Educación no permite a su hijo menor viajar en el mismo autobús, con plazas vacías, que usa su hermano mayor. No lo alcanza a entender, o nadie ha sabido explicárselo con claridad y el resultado es una situación kafkiana; dos niños que se levantan a la vez, desayunan a la vez, estudian en el mismo instituto, pero tienen que desplazarse a Bembibre usando medios distintos.
La Dirección Provincial de Educación ha aclarado a este periódico que ninguno de los dos niños debería seguir estudiando en el instituto Álvaro Yáñez de Bembibre porque a los residentes en Almázcara (Congosto) les corresponde una ruta de transporte escolar que les lleva al instituto Gil y Carrasco de Ponferrada. Al mayor, sin embargo, se le mantiene el «derecho adquirido» antes de la mudanza de la a Almázcara. Pero donde se es flexible con Adrián, se es inflexible con Miguel, que ha visto como los intentos de su madre por obtener el mismo carné del transporte escolar para Bembibre chocaban con la negativa de la administración, dispuesta a hacer una excepción, pero no dos.
«A mí no me dijeron nada». «A mí no me dijeron nada. Sólo que no podían darme el carné y el niño ya llevaba dos días matriculado y con los libros comprados», se quejaba Peinado a este periódico, cansada de tener que recurrir a los favores de un vecino para que su hijo pequeño estudie en el mismo centro que el mayor.