El ‘samartino’ de Las Rapinas
Noceda celebró ayer su matanza popular en su afán por no perder las tradiciones.

Un grupo nutrido de vecinos se sumó a la tarea de matanza.
Noceda del Bierzo volvió a convertirse ayer en una escuela de tradiciones locales. El desarrollo de los distintos pasos de la matanza del cerdo, al más puro estilo casero, fue el foco de atención para visitantes y niños, que curiosearon en el desarrollo de una labor cargada de historia que ha sido, durante décadas, el sustento principal de muchas familias.
La puesta en escena se cuidó al detalle desde primera hora de la mañana, en la que los participantes en la matanza cogían fuerza con ‘la parva’, un desayuno fuerte a base de empanada, bacalao, huevos y vino caliente con miel que ayuda a combatir el frío característico de esta época. Tras la parva, comenzó el trabajo pormenorizado y explicado. De la mano de los componentes de Las Rapinas —asocaición encargada de la organización— se destacó la preferencia de «pelar el cerdo con agua hirviendo, porque queda más blanco que quemándolo», aunque ahora sea más habitual el segundo sistema.
El desangrado, el pelado, el vaciado del cerdo, la separación de los órganos que se aprovechan o cómo sacar la untaza antes de que enfríe para que no se pegue, fueron actuaciones que se ejecutaron ante la sorpresa y la curiosidad de quienes nunca antes habían participado en una matanza. Los más atentos fueron los más pequeños, que hicieron las preguntas más curiosas y no se dejaron engañar con las bromas que alguno de mayores quiso gastarles con afirmaciones como «los estamos operando, los arreglamos y a mediodía ya están corriendo de nuevo». A lo que respondió David, con tan sólo cinco años; «Le habéis sacado hasta el corazón y los pulmones, me parece que a este no lo arregláis».
En el río Noceda se lavaron las tripas. «Se dejan bien limpias porque se utilizan para la elaboración de chorizos y botillos», explicaron a los más pequeños poco antes de conocer la destreza con la que Josefa preparaba las untazas. «Con sal gorda se enrollan y dentro de tres o cuatro días se envuelven en papel y se cuelgan a secar. Después se aprovechan para dar gusto a caldos, sopas de ajo o a las truchas si untas la sartén antes de echar el aceite», explicó Josefa.
Una parrillada con pan casero y navaja puso fin a la jornada de matanza que ya se ha consolidado como uno de los atractivos turísticos de Noceda.