Borrenes, atemorizado por un pirómano
Los vecinos pasan muchas noches en vela desde que han incendiado 7 casas y pajares sin motivo aparente.

El alcalde de Borrenes, Eduardo Prada, señala el penúltimo pajar que intentaron quemar hace apenas unos días.
Duermen mal, se pasan parte de muchas madrugadas en vela frente a la ventana, están atemorizados. El alcalde Eduardo Prada dice que anda suelto un pirómano, que por las noches trae de cabeza a todo el pueblo. El centenar largo de vecinos que viven en Borrenes tienen miedo y ya nadie lo oculta ante unos datos más que evidentes. Desde el verano se han sucedido siete sabotajes y han ardido seis viviendas y pajares. En estos seis casos el fuego fue mayúsculo y causó destrozos importantes.
Lo llamativo es que no hay un motivo aparente para esta cadena de atentados y ninguno de los siete percances detectados están relacionados entre sí. La Guardia Civil está al tanto de la situación, patrulla más el pueblo y ha pedido a todos —como el alcalde— que mantengan los ojos bien abiertos y quien tenga alguna pista, la comunique.
El último incendio se produjo hace apenas tres días, cuando un vecino escuchó ladrar a los perros. Prefiere que no salga su nombre en el periódico, pero cuenta que como ya andaba «con la mosca detrás de la oreja», se percató a eso de las doce de la noche de la existencia de un coche que salía de un callejón con las luces apagadas, y al momento comprobó que comenzaba a arder el pajar. Gracias a él y a otros vecinos a los que alertó de la situación apagaron las llamas incipientes, y ni tan siquiera tuvieron que desplazarse al lugar los bomberos de Ponferrada.
Un coche con un joven haciendo fotos al pajar en llamas a las seis de una madrugada de hace dos semanas fue lo que vio otro vecino. Tomó los números de la matrícula del vehículo, pero se olvidó de las letras. Aún así, con este dato trabajan ya las fuerzas del orden. En este caso, el que quemó el pajar lo hizo en esos días que los termómetros marcaban muchos grados bajo cero. El alpendre, con maquinaria agrícola y paja apilada, carecía de instalación eléctrica, por lo que se descarta por completo que el fuego lo ocasionase un cortocircuito. Además, el perro que cuidaba la finca apareció un tanto atolondrado.
No habitados. Hace poco más de un mes y medio también ardía por completo otra casa situada en una calle lateral, a pocos metros de la casa consistorial de Borrenes. En este caso, el fuego se originaba a las diez y media de la noche en el tejado. Llovía, pero las llamas a punto estuvieron de comerse las viviendas aledañas. El edificio de una planta no estaba habitado, pero tampoco abandonado. No muy lejos de aquí también destrozaron otra casa, en este caso sí abandonada y con un único patrón que se repite: Las llamas comenzaron en el tejado y la virulencia del fuego dejaba en ruina total el inmueble al hundirse todo su interior.