Diario de León

Cien emprendedores desafían a la crisis y buscan abrir un negocio en Ponferrada

La tendencia del semestre augura el doble de peticiones este año que en el 2011.

Petia Rumenova ha reformado una vieja librería en el centro.

Petia Rumenova ha reformado una vieja librería en el centro.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Javier Rodríguez era fontanero hasta que pinchó la burbuja de la construcción. En el plazo de un año, el que va del 2009 al 2010, pasó de no dar abasto a no tener ningún encargo. Y tuvo que ponerse al paro. Después de año y medio sin empleo, con el subsidio agotado y la perspectiva de tener que emigrar del Bierzo, Rodríguez apostó por una última carta; crear su propio empleo. Y lo hizo, junto a su mujer, la periodista Marta Vidal, que trabaja a media jornada, y su cuñada Tatiana, montando una tienda de ropa infantil que en las cinco semanas que lleva abierta en la calle Antolín López Peláez de Ponferrada parece que está funcionando porque ofrece mercancía diferente.

El de Javier y Marta es uno de los 108 casos de emprendedores, en su mayor parte particulares, pero también pequeñas y medianas empresas, que en lo que va de año están desafiando a la crisis apostando por abrir un negocio en la capital del Bierzo, según la estadística municipal. Lejos de contraerse, y con el viento favorable que supone la reducción de los trámites para disponer de una licencia, la lista de personas que quieren abrir su propio negocio está registrando este año una tendencia al alza, a pesar de que el consumo sí se ha retraído. En todo el año 2011, el Ayuntamiento registró 147 peticiones de licencia y concedió 119. De las 108 registradas hasta principios de junio, estaban aceptadas 65 y el resto están en su mayoría en fase de estudio, adelanta el teniente de alcalde, Juan Elicio Fierro.

«Como Javier no encontraba empleo, decidimos crearlo», cuenta Marta Vidal. El secreto está, quizá, en buscar un sector del comercio o un segmento de mercado donde haya un hueco para productos nuevos. «Tenemos un niño de dos años y mi hermana otros dos pequeños, y veíamos que en Ponferrada, la mayor parte de la ropa de bebé que se vende era muy clásica. Nosotros ofrecemos algo más divertido y más barato, que sólo se podía pedir por Internet», añade. Y aunque pueda parecer lo contrario, apenas han necesitado una inversión de 16.000 euros —no han tenido que pedir ningún crédito— para empezar su negocio —Pepa Baby, le han llamado— con una mínima reforma de un local de 30 metros cuadrados, donde Javier, que siempre tuvo buena mano para dibujar, también hace retratos de bebés por encargo.

Las opciones son muy variadas y no faltan las franquicias, como Bed and House, que ha abierto una tienda de colchones y mobiliario en la misma calle Antolín López Peláez, buscando eso sí, un local grande y bien situado, a pesar de que lo han hecho, dicen sus responsables, quizá «en el peor semestre de la historia del comercio en España».

Además de los negocios nuevos, el Ayuntamiento ha registrado este año 48 peticiones de cambios de titularidad, de las que se han aceptado 23 —el resto sigue en curso en su mayoría—. En el 2011, los cambios de titularidad solicitados fueron 116, y 102 los aceptados.

«Perseguir un sueño»

Y es que reformar un negocio que ya existía para darle un nuevo impulso es otra de las opciones de los emprendedores que desafían a la crisis. Es el caso de la búlgara Petia Rumenova, que se ha atrevido a coger el relevo de la histórica Librería Rallo, en la plaza de la República Argentina. Su negocio se llama ahora Signos y con 30.000 euros —y una parte es un crédito del banco y otra de la prestación por desempleo obtenida en pago único a cambio de recibir sólo el 60 por ciento— le ha cambiado la cara al viejo local. «Perseguir los sueños es más fuerte que la crisis», dice Rumenova, que hace 10 años, antes de emigrar junto a su marido Yordan a España, ya tenía una cristalería en la ciudad portuaria de Varna. Y destila optimismo y mucho arrojo para ganarse la vida vendiendo libros y material escolar. «La crisis se va a acabar, pero la locura mía es interminable», dice.

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