El otro Queipo de Llano
La polémica renovación del marquesado al nieto del general golpista pone de actualidad a su rama berciana.

Fotografía inédita de Gerardo Queipo de Llano, sin fechar, en el Ayuntamiento de Ponferrada.
En Ponferrada vivió otro Queipo de Llano distinto del general golpista. Era alto y de porte aristocrático, como su hermano Gonzalo —al que acogía en su casa de la plaza del Ayuntamiento cuando venía de caza a los Montes Aquilanos y La Cabrera— y dejó tres nietos que todavía viven en la ciudad. La polémica que ha generado estos días la renovación del marquesado concedido por Franco al militar que convirtió sus discursos radiofónicos en una herramienta para extender el terror durante la guerra, ha puesto de actualidad la historia de Gerardo Queipo de Llano y Sierra, un hombre que no quería hacer carrera política, aunque llegó a ser gobernador civil de Vizcaya por amistad, que trató de atajar la corrupción en Tabacalera después de la contienda, y que antes del conflicto civil ya había sido alto funcionario de los Fondos de Administración Local y procurador de los tribunales, llevando casos tan importantes como el por entonces famoso desfalco del prestamista Rafael Burgueño en Cacabelos.
La figura del polémico general Gonzalo Queipo de Llano, acusado de incitar a la represión desde las ondas y defenestrado por Franco acabada la guerra, ha tapado la historia de su hermano mayor. Dos de sus tres nietos bercianos, Gonzalo y Celia Queipo de Llano y Garrido, creen que su abuelo Gerardo —primogénito de un juez de Tordesillas lejanamente emparentado con el linaje asturiano de los Queipo de Llano, condes de Toreno— debió conocer a su futura esposa Celia Blanco Valdés —una de las herederas de la familia Valdés, entre las más pudientes de la Ponferrada de finales de siglo— en alguna de las ferias locales, bien en el Bierzo, bien en de Valladolid, que solían reunir a la alta burguesía del norte de España.
El historiador Miguel Jota García González tiene documentado que la boda entre Gerardo Queipo de Llano y Sierra, de 22 años, y Celia Blanco Valdés, de 21, tuvo lugar en la basílica de La Encina el 18 de mayo de 1891. El matrimonio, que tuvo cuatro hijos —Mercedes, María, Gonzalo y Buenaventura— vivió en la histórica casa de la plaza del Ayuntamiento que ya había ocupado a principios de siglo la familia del escritor Enrique Gil y Carrasco, propiedad de los Blanco Valdés, y es muy probable que un cuarto de siglo después, la misma vivienda con el escudo familiar de los Valdés sirviera para alojar al propio Gonzalo Queipo de Llano,—cuya carrera militar había cogido vuelo en los conflictos coloniales en el norte de Africa— cuando venía de caza al Bierzo y a la Cabrera.
Santiago Macías asegura en su libro El monte o la muerte que el propio Manuel Girón, el futuro guerrillero antifranquista convertido en un mito después de la guerra, acompañó al militar en alguna cacería. Su sobrino nieto Gerardo Queipo de Llano y Garrido, sin embargo, lo desmiente categóricamente, aunque reconoce que Girón si llegó a tener amistad con su familia a través de su padre. «Girón era liebrero y no iba a la caza de la codorniz, porque una liebre podía pesar cuatro kilos y daba de comer y una codorniz no», afirmaba esta semana a este periódico.
Gobernador civil en 1936
En los primeros años de la Segunda República, y después de que su hermano militar se hubiera implicado en la asonada pro republicana del aeródromo de Cuatrovientos (Madrid), en diciembre de 1930, Gerardo Queipo de Llano y Sierra ejerció como procurador de tribunales. Miguel Jota García confirma que entre 1933 y 1934 trabajó para algunos de los estafados por la banca privada de Rafael Burgueño, que desapareció de Cacabelos llevándose el dinero de sus clientes y fue uno de los mayores escándalos de la época en el Bierzo.
Bien relacionado y siendo amigo del entonces presidente del Consejo de Ministros, Manuel Portela Valladares, Gerardo llegó a ser un efímero gobernador civil de Vizcaya. menos de un mes, entre finales de enero y el 18 de febrero de 1936. El 1 de febrero, una nota en el periódico La Vanguardia informaba de la llegada a Bilbao del nuevo gobernador. Y lo primero que quiso dejar claro el hermano de quien sólo seis meses después se alzarían contra la República fue que había aceptado el cargo por amistad.
«Hablando con los periodistas —decía el texto de La Vanguardia — ha dicho que venía por disciplina y por amistad con el señor Portela. Agregó que no es hombre político, ni milita en partido alguno». El otro Queipo de Llano dimitió dos días después del triunfo del Frente Popular, liberado de su compromiso con Portela.
Después de la guerra, dirigió la empresa Tabacalera, y su nieto Gonzalo cuenta que siendo como era «un hombre recto y honesto» trató de acabar con la corrupción con la que se repartía el tabaco en los estancos. Para entonces ya vivía en la plaza de la catedral de León y al jubilarse, pasó sus últimos años en la calle Segovia de Madrid, donde murió a los 93 años, un 10 de octubre de 1962. Si a su hermano lo habían enterrado once años antes con un multitudinario funeral en Sevilla —donde se le había llegado a conocer como el virrey de Andalucía, a pesar de que Franco había prescindido de él al acabar la guerra— a Gerardo Queipo de Llano y Sierra lo enterraron en el cementerio de La Almudena, después de un sepelio más familiar en la catedral. Cincuenta años después, sus tres nietos siguen viviendo, sin embargo, en la misma ciudad a la que su abuelo llegó en 1891 para casarse con una Valdés.