Diario de León

Buelta, alcalde en tiempos de cambio

El regidor de Ponferrada de 1974 a 1977, que será incinerado mañana, impulsó el polémico primer PGOU .

Juan Fernández Buelta recibió el reconocimiento de la abogacía en un acto celebrado en el Teatro Bergidum en enero de 2002.

Juan Fernández Buelta recibió el reconocimiento de la abogacía en un acto celebrado en el Teatro Bergidum en enero de 2002.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Los alcaldes iban con el don delante y tomaban posesión de su cargo en presencia del gobernador civil. Todavía vivía Franco, en el Cine Morán proyectaban una película de Charles Bronson, y una de Víctor Manuel y Ana Belén en el Teatro Adriano. Era el 14 de diciembre de 1974, España estaba a las puertas de la reforma política y de la Transición a la democracia, y en el Ayuntamiento de Ponferrada, un abogado de Toral de Merayo que ejercía su profesión desde 1953, casado y con cuatro hijos, sustituía a Luis García Ojeda, el alcalde del segundo puente, como regidor de la capital del Bierzo y jefe local del Movimiento. Era Juan Fernández Buelta, con el don delante en todos los periódicos de la época, y durante los siguientes 28 meses, hasta su dimisión el 25 de abril de 1977, gobernó una ciudad que experimentaba cambios tan importantes como la elaboración de su primer y polémico Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) o el litigio por la herencia de Valdés, valorada en 600 millones de las antiguas pesetas.

Fallecido el viernes a los 86 años, el funeral por Buelta será mañana lunes a las 12.00 horas en la Basílica de La Encina. Después, su familia incinerará el cuerpo en la intimidad.

Juan Fernández Buelta había nacido el 25 de marzo de 1926 en Toral de Merayo. Hijo de un maestro nacional, estudió en el instituto Gil y Carrasco, fue funcionario judicial y se licenció en Derecho por la enseñanza libre. A Fernández Buelta, que también fue diputado provincial, se le recordaría por haber resuelto a favor del Ayuntamiento —y de mucho le valió su condición de abogado— el litigio creado por la aparición de un segundo testamento de Miguel Fustegueras Álvarez Valdés, el mecenas que había donado su fortuna para obras sociales, de no ser por la polémica que envolvió la aprobación del primer PGOU de la ciudad, con una tormentosa sesión plenaria, la del 13 de abril de 1977, que terminó en una auténtica batalla campal en el exterior de la Casa Consistorial.

Fue, sin duda, su peor día como alcalde, con cientos de vecinos quejándose, algunos de ellos acusándole desde hacía meses de buscar su beneficio económico —«insidias», se defendía en una entrevista concedida a Diario de León en noviembre de 1976— con el PGOU. La polémica fue tan grave que trascendió incluso a la prensa nacional. «Juan Fernández Vuelta (sic), alcalde de Ponferrada, tuvo que permanecer cuatro horas encerrado en el Ayuntamiento, junto con varios concejales, y posteriormente trasladarse en coches blindados de la Guardia Civil para evitar ser atacados por un millar de vecinos que se manifestaba contra la aprobación del plan de ordenación urbana. Dicho plan fue aprobado por la Corporación municipal con ocho votos a favor y seis en contra. La policía, con botes de humo, no consiguió dispersar a los manifestantes», relataba el diario El País .

El regidor, cuya prioridad como alcalde era aprobar el PGOU, nunca reconoció, al menos en público, que aquel episodio estuviera detrás de su dimisión, doce días después. Porque el 25 de abril de ese mismo año, anunciaba que dejaba la Alcaldía para presentarse como candidato independiente al Senado en las primeras elecciones democráticas. «Me he dado cuenta de que el Bierzo tiene que salir a la palestra electoral y quiero estar en ella», dijo ( La hora leonesa , 24 de abril de 1977). Buelta no saldaría elegido y tras su fallido intento por ser senador —«una estratagema airosa para salir con buen pie de la Casa Consistorial», escribía el corresponsal de Diario de León al entrevistar dos años después a su sucesor José Morán Rodríguez— se centró en su carrera de abogado.

El ejercicio profesional de la abogacía le traería después grandes satisfacciones, como las medalla al Mérito del Consejo General de la Abogacía, que recogió en un acto organizado en enero del 2002 por el Colegio Provincial de Abogados de León. «Fue un grandísimo abogado al que todos queríamos imitar», decía ayer el que entonces era presidente de la delegación berciana del Colegio, Aníbal Fernández, elogiando la lucidez de un hombre que se reconocía «atado y apasionado» a su profesión y que estuvo trabajando en su despacho hasta hace bien poco.

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