Diario de León

Hallan muerto en una zarzal cerca de la iglesia al anciano perdido en Oencia

Carlos Reboleiro tomó el camino de Quintela y fue a parar al pie de una escombrera.

La calle afectada por el desprendimiento permanecía cortada ayer al tránsito.

La calle afectada por el desprendimiento permanecía cortada ayer al tránsito.

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m. j. alonso | ponferrada
Ponferrada

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Los pronósticos se confirmaron ayer más cerca de lo imaginado. Carlos Reboleiro Valencia, el octogenario vecino de Oencia al que se le perdió la pista en la noche del pasado martes apareció finalmente muerto alrededor de las 16.30 horas de la tarde a tan sólo cien metros de la iglesia, en el camino que va a Quintela, metido en un zarzal del paraje conocido como El Escobio. Su cadáver presentaba las magulladuras propias de los pinchos de la zarza, pero ningún otro signo de violencia. De todos modos, será la autopsia la que finalmente determine las causas de la muerte de un hombre que tenía demencia y que probablemente se desorientó, yendo a parar a una maraña de zarzas.

Según apuntaron ayer los vecinos, fueron su hijo y su sobrino, acompañados del perro familiar, los que encontraron el cadáver del anciano en un lugar relativamente próximo al pueblo, por el que ya habían pasado en las labores de rastreo. La suerte o, en este caso, la mala suerte, hicieron que no lo descubrieran hasta ayer, después de cinco días desaparecido. Su cuerpo se encontraba al pie de una pequeña escombrera de unos quince metros que se ubica detrás de la iglesia, cerca también del cementerio municipal. Según explicó el alcalde, José Manuel Estanga, todo apunta a que el hombre salió del bar del pueblo a eso de las 20.30 horas de la tarde y siguió el camino equivocado.

«Probablemente se vio perdido y se fijo en las luces del barrio de Quintela, se dirigió hacia ellas y se metió en la escombrera», aseguró el regidor. Una versión ofrecida también por el propio cuñado del fallecido. «Hasta donde llegó ya no había luz, por lo que acabó metido en el zarzal y ahí murió. Tenía las manos arañadas de intentar salir de él», apuntó el marido de su hermana.

La conmoción y la tristeza propias de una suceso de estas característica convivió ayer en Oencia con el alivio de haber encontrado a Carlos Reboleiro. Al menos —consideró una vecina— «para poder darle una sepultura digna». Tras más de cuatro días de búsqueda incansable, la familia y el propio alcalde quisieron agradecer el apoyo prestado no sólo por la Guardia Civil, sino también por los vecinos de Oencia y de los pueblos limítrofes. «Todo el mundo se dejó los pantalones en las zarzas tratando de buscar a este hombre», enfatizó Estanga.

Dudas de secuestro

La extrañeza del suceso, unido a la falta absoluta de pistas sobre el paradero del anciano llevaron a algunos vecinos a pensar en que a «Carliños» —como le solían llamar— se lo habían llevado por la fuerza. Explica una vecina que aunque andaba mucho y tenía las piernas ágiles, él nunca se alejaba demasiado del núcleo poblacional. Por eso, cuando el rastreo sobrepasó incluso la frontera con Galicia y nada se sabía del anciano, otras hipótesis comenzaron a cobrar forma en la cabeza de sus paisanos. Lo que no podían imaginar es que estaba más cerca de lo que pensaban. En un lugar por el que incluso —relataron— habían pasado los perros de la unidad canina de Zamora.

Fuentes de la Subdelegación del Gobierno en León confirmaron ayer los hechos sin hacer valoraciones sobre las causas de la muerte hasta que no tengan los resultados de la autopsia. Eso sí, certificaron que aparentemente el cadáver de Carlos Reboleiro no presentaba ningún signo de violencia.

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