Diario de León

EL ALCALDE DE CARUCEDO, EN LA CUERDA FLOJA. LOS VECINOS OPINAN SOBRE LA SENTENCIA

«Mejor no hablar, ya me entiende...»

La condena por agresión hace aflorar las voces que piden la dimisión del regidor entre los que temen represalias por hablar, pero acentúa también el resquemor de sus seguidores más acérrimos.

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MANUEL FÉLIX | CARUCEDO
León

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Hay situaciones en las que los silencios pesan más que las palabras y en Carucedo hablan más los silencios. Dos días después de que la Audiencia Provincial de León condenase al alcalde Clemades Rodríguez, «como responsable autor de un delito de lesiones» en la persona del vecino Tomás Martínez, en las calles del pueblo predominaba ayer ese mutismo sobre la gran mayoría de los viandantes consultados.

«Mejor no hablar, usted ya me entiende...», aseguraba una mujer al ser preguntada sobre su parecer ante la situación creada por la sentencia condenatoria de quien dirige el municipio. Y zanjaba la conversación con el periodista, despidiéndose de la manera más educada, exclamando un «¡Que se arreglen entre ellos!».

Un hombre de mediana edad que caminaba a paso ligero cerca del lago de Carucedo, antes de ser saludado ya conocía la pregunta, al ver el coche blanco rotulado con las letras Diario de León: «¡Ya sé que me vas a preguntar! Vivo aquí, soy de fuera y no quiero hablar». Y siguió su camino, sonriente.

Sin embargo, también hubo quien sí quiso manifestar su parecer para que se publicase en el periódico. Eso sí, sin facilitar su nombre. Fue el caso de una mujer de edad avanzada y gran vitalidad en su palabra y caminar: «Carucedo es una maravilla de pueblo para vivir, pero este alcalde lleva muchos años aquí. Es un dictador y está haciendo las cosas mal, enfrentando a la gente».

El hombre del Mercedes

Si había viandantes que no aprueban el modo de actuar de Clemades Rodríguez, se presentó también quien le defendió con suma vehemencia, ímpetu y lleno de pasión. Fue el caso de un hombre de mediana edad, que subido a un Mercedes todoterreno de color negro —sin querer dar su nombre— dijo que lo único que se pretendía con publicar el caso del alcalde era «derrocarlo, tumbarlo». «Clemades no ha sido condenado, no hay sentencia, él no lo hizo; Aquí hay una gente que sabe lo que quiere y eso de tirarlo de la Alcaldía con lo que publicáis, ¡Lo lleváis claro! No van a acabar con él, la gente lo quiere y lo apoya», espetaba sentado desde del vehículo al periodista.

En el interior de un bar de Carucedo —según los opositores del alcalde, favorable a las ideas del regidor— estaba tomando algo una persona que dijo ser familiar de Clemades. Al ser preguntado, respondió animado tajante: «De eso es mejor pasar de todo», y terció la conversión hacia el fútbol.

Quien no ocultaba su enfado con el alcalde fue el marido de una concejala del PP. Máximo Mira Oliver dijo que se sentían «perseguidos y acosados» y que poco le preocupaba la amenaza de legalidad de Clemades, dado que «ya lo intentó todo», incluso derribar un puente.

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