Diario de León

Jugar con dinamita

Los jóvenes detenidos usaban las naves de una antigua explotación ganadera entre Pobladura e Igüeña para probar los explosivos. Grabaron vídeos con el móvil que luego mostraron a algunos conocidos.

Los detenidos probaron explosivos en naves ganaderas en ruinas entre Pobladura e Igüeña.

Los detenidos probaron explosivos en naves ganaderas en ruinas entre Pobladura e Igüeña.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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El vídeo es del pasado verano. El explosivo está colocado en la pared de bloques cemento de una nave ganadera en ruinas, en la carretera de Pobladura de las Regueras a Igüeña. Y quienes lo ha visto afirman que se aprecia como la pared estalla y uno de los tres jóvenes que aparecen en las imágenes grabadas en un teléfono móvil sale de debajo de un palé de madera y exclama después de notar el efecto de la onda expansiva: «¡La puta que lo parió, que fuerza tiene que me ha levantado en el aire!».

Lo contaba ayer uno de los vecinos de Pobladura que el pasado mes de agosto vio el vídeo grabado en el móvil por uno de los jóvenes que reside en el pueblo y que prefiere que no trascienda su identidad. El joven, aseguró, no es ninguno de los tres detenidos por la Guardia Civil por hacer estallar los explosivos.

Los jóvenes eligieron las naves abandonadas de un ganadero de Igüeña que emigró a Cuba —por El Nite todavía le conocen en Igüeña— para probar los explosivos que les facilitaba el ex militar y ex minero de Bembibre. Al paraje le llaman popularmente El Basurero , porque no es más que una sucesión de naves alargadas a medio construir —el negocio no funcionó— y un edificio semidestechado donde este periódico descubrió ayer un boquete de varios centímetros de diámetro junto a unos palés de madera supuestamente causado por una explosión. La uralita levantada del tejado y la forma en la que los restos de bloques de cemento cayeron hacia el interior de la nave parece demostrar que alguien colocó un explosivo desde el exterior, antes de ponerse a cubierto.

En Pobladura entienden que los jóvenes, de entre 20 y 25 años han estado jugando con fuego, por no decir con dinamita, y que podrían haber salido mal parados. Quizá sin ser del todo consciente de lo que implica usar explosivos, el vídeo grabado por el compañero de uno de los detenidos circuló durante el mes de agosto por Pobladura, como quien presume de una travesura. «Se les puede caer el pelo por andar con explosivos», decía ayer el mismo vecino que relató a este periódico el contenido del vídeo.

La vivienda de Bembibre donde reside el hombre les facilitó los explosivos, según han declarado a la Guardia Civil, recibió un registro concienzudo el pasado martes. A.F.L.S, de 40 años, fue militar en Bosnia en 1995 y en el año 2002 trabajaba en un cielo abierto de Tremor de Arriba del que proceden la nagolita, el explosivo de marca Orica Powergel, los detonadores eléctricos, el cordón detonante y la mecha eléctrica, según informó la Subdelegación del Gobierno- La supuesta sustracción del material se habría producido un año antes de los atentados del 11-M en Madrid, después de los cuales el Gobierno incrementó los controles sobre los explosivos mineros.

La Guardia Civil, que no ha vinculado a ninguno de los cuatro detenidos con ninguna banda organizada, confirmó ayer que A.F.S.L. utilizaba el explosivo para pescar, lo que supone un delito contra ala protección de la flora y la fauna. Y los jóvenes de Igüeña lo probaron en las naves de El Basurero para presumir luego de su hazaña.

A.F.S.L. es muy conocido en Bembibre y al propio alcalde, José Manuel Otero, que pidió tranquilidad a sus vecinos, le costaba ayer creer que detrás de su acaparación de explosivos pueda haber alguna motivación terrorista. El mayor de los detenidos, que reside en La Estación y es hijo de un popular ex futbolista de la villa, sí era conocido por su afición a los perros grandes, como los pit bull , para desagrado de su vecindario, que asegura haber tenido algún incidente por ello. Y pasear al perro es lo que hacía A.F.S.L. al anochecer del martes, después de su puesta en libertad con cargos, según sus vecinos. «¡Aquí no hay nada que oler!», gritaba ayer su madre desde la ventana al descubrir a los periodistas a la puerta de su casa. Del perro, ni rastro.

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