La Torre se tambalea por las deudas
La subasta de 70 pisos, promovida por Bankia, es la puntilla de la mala gestión de la promotora, Hogalia.

La omnipresente Torre de la Rosaleda, en una fotografía tomada ayer.
Los vecinos de la Torre de la Rosaleda, el moderno y emblemático edificio que preside los cielos ponferradinos, tan sólo tuvieron un año de paz en sus viviendas. Comenzaron a instalarse en el verano del año 2009 y ya en el 2010 llegaron los problemas con la promotora Hogalia. Demandas, juicios y sentencias se suceden desde entonces. Ahora, los 35 propietarios están pendientes de la subasta que se celebrará el próximo 4 junio. En la mente de todo está ahora conseguir que con la compra de esos pisos, locales comerciales y plazas de garaje se puedan obtener al menos unos cien mil euros para restablecer algunos servicios centrales —desactivados desde hace meses ante la imposilidad de los inquilinos de hacer frente al pago de sus gastos— y que el edificio «recupere el esplendor que se merece».
Bankia ha promovido el embargo de 70 de los 106 pisos de la Torre, de un local comercial, 148 plazas de garaje y las oficinas comerciales porque reclama a la promotora Hogalia 24,5 millones por las deudas contraídas. «Esta semana hablaremos con el abogado para abordar todo el tema burocrático y los plazos», explicó el secretario de la comunidad, Santiago Gómez. La desaparecida Hogalia dejó una deuda a la comunidad que sigue creciendo y que suma ya unos 200.000 euros. Los vecinos son conscientes de que «sólo se puede reclamar a los nuevos propietarios la deuda contraída en el ejercicio actual y en el anterior», pero con esa cuantía esperan poner en marcha un segundo ascensor y restaurar el servicio eléctrico en las zonas comunes, después de que Unión Fenosa cortara el suministro en junio del 2012 porque la promotora tampoco abonó la correspondiente factura.
35 pisos vendidos
De los 106 pisos con los que cuenta la torre de viviendas más alta de Castilla y León, sólo 35 están vendidos. Una entidad bancaria compró, por otra parte, uno de los siete locales comerciales, pero tampoco se ha instalado todavía y continúa tan vacío como los otros seis que carecen de propietario. Tres de las 30 plantas del inmueble están destinadas a oficinas comerciales, pero sólo se han vendido cuatro de los 45 despachos que se reparten en ellas. Gómez explicó que en el registro, cada planta cuenta como única oficina y tan sólo se procede a la segregación cuando una de ellas se vende, por lo que la mayoría saldrán a subasta en el mes de junio.
El moderno edificio que corona el barrio de La Rosal cuenta con un complejo y eficaz sistema antiincendios, ascensores que se elevan a una velocidad de dos metros y medio por segundo, tres grupos electrógenos que garantizan la energía de emergencia en el edificio y diez kilómetros de tuberías. Unas completas y eficientes instalaciones de última generación que los propietarios están ansiosos de poder disfrutar y mostrar a pleno rendimiento. Otro de los objetivos que persiguen es conseguir limpiar la fachada, para lo que es necesario activar una grúa que hay en la azotea. «Hay que recuperar la imagen de este edificio. Cuando estamos en casa tenemos todas las comodidades, pero en las zonas comunes estamos en la zona de sombra. Con un único ascensor —hay cuatro en el inmueble— estamos vendidos, porque en las horas punta, a pesar de su rapidez, no da abasto para todos los vecinos», dijo Santiago Gómez. No en vano, en el 2008 fue reconocido por los European Property Awards.
Reducción de gastos
La comunidad de vecinos de la Torre de La Rosaleda se constituyó en el mes febrero del 2012 y después del fracaso del administrador de fincas impuesto por la promotora, que se había quedado con la mayor parte de los pisos, los vecinos con propiedad se organizaron y comenzaron a contratar los servicios. En el 2011 cambiaron el contrato de los ascensores —y se embarcaron en un juicio que recientemente han ganado en los tribunales— y comenzaron a hacer ajustes para reducir de 120.000 euros mensuales a 105.000 euros los gastos de mantenimiento básico del edificio. Ahora, son ellos mismos los que asumen las labores de limpieza de las zonas comunitarias y se encargan de algunas reparaciones de menor envergadura. Cada propietario —tanto de los locales como de los pisos u oficinas— paga una parte proporcional por los metros cuadrados y, por ejemplo, un piso de 120 metros cuadrados abona cada trimestre una cuota de 200 euros. Una forma de ahorrar es utilizar linternas para poder salir de casa en aquellos pasillos en los que se ha cortado la luz o, en su defento, colocando a título particular unos sensores que activan la iluminación cuando detectan la presencia de alguien. Pequeños trucos con los que consiguen hacer más habitable un gigante de hormigón que ha pasado de ser una referencia urbanística a un edificio muerto.
Abandono municipal
«Por si fuera poco con los problemas con la promotora, también nos sentimos abandonados por el propio Ayuntamiento de Ponferrada, que no se preocupa de los jardines públicos que rodean la torre o de colocar unos simples bolardos para evitar que los coches se suban a la acera», dijo Santiago Gómez, quien apuntó que ya han hablado con el nuevo alcalde de Ponferrada, Samuel Folgueral, confiando en que aborde este asunto y solucione lo antes posibles las deficiencias del barrio.