Diario de León

Una mujer atraca una pastelería, se disculpa y pide 4 pasteles para sus hijos

Con un cuchillo se hizo con los 200 euros que había en el establecimiento de Ponferrada.

La dependienta atracada atiende una llamada. Tras ella, la caja completamente vacía.

La dependienta atracada atiende una llamada. Tras ella, la caja completamente vacía.

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A. Calvo | ponferrada
Ponferrada

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Una mujer entró ayer, a primera hora de la tarde, armada con un cuchillo a la pastelería El Molino. Tras exigir amenazante el dinero de la caja registradora le pidió a la dependienta cuatro pasteles. Con el botín económico y la bandeja en su mano salió por la puerta y despistó tanto a los agentes como al encargado. Laura Barreiro lleva un año trabajando en este pastelería situada frente al parque de El Plantío y ayer pasó, en tan sólo quince minutos, del miedo de tener el cuchillo cerca del cuello al desconcierto de que la mujer la pidiera disculpas por el atraco y le besara las manos.

Eran las 16.40 horas. Laura se encontraba tras el mostrador cuando entró una mujer, de mediana estatura, vestida con un chándal de felpa y una sudadera. Su cara estaba oculta tras unas gafas y, en su mano, un cuchillo chuletero. La atracadora le pidió que le diera todo el dinero de la caja, «pero sólo quedaban monedas porque, como le expliqué, cuando cerramos a las dos, vaciamos la caja».

Hábilmente, la dependienta fue colocando las monedas sobre el mostrador, «incluso los céntimos», intentando mantener la calma y aprovechando la lentitud con la que hacía estos movimientos «para pensar qué hacer». «Déjalas con cuidado, que las tiras al suelo», le dijo la atracadora, a lo que ella le ofreció una bolsa para que se llevara el botín. Como las monedas no superaban los 200 euros, la asaltante insistió en si no había algún billete. «Le dije que si quería pasar a comprobar que no quedaba nada en la caja. Entonces ella apoyó en el mostrador el cuchillo y yo intenté quitárselo, pero fue más rápida y me lo llevó al cuello», comentó Laura, cuando ya se encontraba más tranquila. Después, la mujer le dijo: «Vamos a tranquilizarnos porque las dos estamos muy nerviosas. Mis hijos lo están pasando muy mal, así que dame también cuatro milhojas de merengue».

Laura aprovechó un descuido para sacar el teléfono que llevaba en el bolsillo del delantal y darle a la rellamada. Todo esto lo hizo mientras le preparaba la bandeja con los cuatro pasteles y le recomendó que para unos niños lo mejor era el chocolate y no los milhojas de merengue. «Cuando pude ver que la última llamada era la de mi encargado, apreté. Él se sorprendió porque oía que le estaba sirviendo unos pasteles a una mujer a la vez que le pedía que dejara el cuchillo», dijo la dependienta de El Molino.

«Cuando cogió los pasteles me agarró las manos y me las besó. Perdona bonita, pero lo estamos pasando muy mal», le dijo la atracadora antes de irse. Justo en ese momento una mujer entraba con su hijo y pocos segundos después el encargado, que tampoco sospechó al ver a una mujer salir con una bandeja. «Intenté disuadir con gestos a la mujer con el niño para que no entrara. Me hubiera gustado ser más valiente y evitar que se llevara el dinero, pero me sentí intimidada y tuve miedo de que si le daba con algo se pusiera más agresiva, porque estaba ebria», dijo Laura Barreiro.

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