Diario de León

Billete a Qatar para los hijos de la mina

Cinco ferrallas de Santa Marina de Torre trabajarán para un hijo de Bin Laden.

Ceferino Fernández, Leandro González, Ruy Manuel Dos Anjos, y Julio Botana, en Torre.

Ceferino Fernández, Leandro González, Ruy Manuel Dos Anjos, y Julio Botana, en Torre.

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V. Silván | ponferrada
Ponferrada

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Aquí no hay futuro. Ése es el pensamiento de Ceferino, Roberto, Ruy, Julio y Leandro, que en unos días cogerán sus maletas y pondrán rumbo a Qatar para trabajar en la construcción de dos edificios para el ejército de ese pequeño emirato ubicado en el golfo Pérsico. Los cinco son hijos de mineros de Santa Marina de Torre, que hace ya casi cinco años fue testigo de la desaparición de su última mina. Son los rostros de una comarca y unas cuencas que se quedan vacías mientras siguen esperando, después de dos décadas, una alternativa al carbón.

«Ahora nos vamos tres para empezar el 15 de junio y dos semanas después empiezan los otros dos y vienen también otros dos gallegos y un paisano de Ponferrada», explica Ruy Manuel Dos Anjos. Ellos trabajarán como «ferrallas» para la empresa berciana Sistemas y Estructuras Metálicas, una subcontrata del grupo asturiano Coprosa que operará en Qatar gracias a un acuerdo con el cuarto hijo de Bin Laden, Omar Bin Laden. «Ellos tienen que tener el 51% y la española el 49% para poder trabajar allí», puntualiza.

El primer viaje será de cuatro meses para construir esos primeros dos edificios, a los que pueden seguir, según las previsiones, otros 320 bloques que se traducirían en cuatro años de trabajo alejados a más de siete mil kilómetros de su familia. En ese caso trabajarían dos meses y podrían pasar quince días en casa. «Nos turnaríamos para venir y también tienen pensado contratar gente allí, en torno a un 75%, tres por cada uno de los que vamos de aquí», añade.

Cambiarán la comarca del Bierzo por Doha, una ciudad en la que la mayor parte de sus habitantes son extranjeros, sede de la conocida cadena de televisión Al-Jazeera y que en 2022 albergará el primer mundial de fútbol en un país árabe. Se abre ahora un periodo de adaptación a una nueva cultura, a otro estilo de vida, a que el día de descanso sea el viernes y a unas temperaturas que llegan a rondar de máxima los 50 grados. Por ello trabajarán de noche —en jornadas de doce horas, de seis de la tarde a seis de la mañana—, aunque a esas horas «el termómetro tampoco bajará de los 28 grados».

Con la construcción y la obra pública «paralizadas» y el cierre de las minas, encontrar trabajo se convierte en una odisea que, en el mejor de los casos, se resuelve durante un par de meses con un «curro» temporal y unos salarios que no tienen nada que ver con lo que cobraba un ferrallista —se encarga de la colocación del hierro con el que se hacen las estructuras de hormigón— hace unos años. «Me ha salido alguna cosa pero tampoco es lo mismo, no son las mismas condiciones, ni parecido, los sueldos son mínimos y trabajando lo mismo que antes», lamenta Julio Botana, que lleva ya ocho meses en el paro.

De los cinco, el único que trabaja es Ceferino Fernández y lo hace, precisamente, con la empresa con la que ahora le va a emplear en Qatar. En su caso le empuja la necesidad de estabilidad y un mejor sueldo porque «ahora estas trabajando cada cierto tiempo, unos tres o cuatro meses, y otra vez en casa , cobrando muy mal, pero muy mal, demasiado poco». Y ese es uno de los principales atractivos de esa pequeña península perdida en Oriente próximo, un sueldo que puede superar en un 50% los salarios que actualmente se pagan en España y, bromea Ceferino, «igual es hasta un 100%».

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