Diario de León

Cielo berciano de mammatus

Ponferrada fue testigo en el atardecer del lunes de la formación de unas nubes insólitas que despertaron la curiosidad en la ciudad, alejada del foco de la . tormenta.

Vista de las nubes mammatus desde la avenida de América de Ponferrada.

Vista de las nubes mammatus desde la avenida de América de Ponferrada.

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césar franco | ponferrada
Ponferrada

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A alguno se le pasó por la cabeza que iba a ser el fin del mundo. Otros bromeaban en la calle con que venían los extraterrestres. Pero el apocalipsis y las abducciones no tuvieron nada que ver con el paisaje eléctrico y futurista que presentó el lunes el cielo de Ponferrada. La estampa inusual atrajo la curiosidad de los caminantes y muchos de ellos no dudaron en inmortalizar con sus cámaras el borbotón de nubes onduladas, como bolas de helado, y compartirlo en las redes sociales hasta el punto de verse ayer reflejados en los informativos del tiempo nacionales.

Su peculiar apariencia, descolgada y en forma de mama, da nombre al tipo de cúmulos aparecidos: nubes mammatus. El origen del fenómeno está en las corrientes verticales de aire que atravesaron un cumulinimbus principal o nube madre de manera tanto ascendente —la habitual— como descendente. En el interior de estas nubes se produce un equilibrio entre el aire frío, cada vez más caliente por el aumento de la presión atmosférica, y el que se encuentra por debajo intentando ascender. Todo esto junto «al volumen de agua evaporado y la velocidad ascensional hace que el cielo se parezca al cartón de una huevera», aseguró el catedrático de Metereología de la Universidad de León José Luis Sánchez.

En resumen, el docente destacó que «simplemente ambas oscilaciones de aire se frenan, rebotan y acaban formando figuras redondeadas en días de tormenta». No obstante, una de las condiciones que favorencen la aparición de las mammatus es que la zona esté alejada «entre diez y treinta kilómetros —añadió Sánchez— del foco de la lluvia».

La luz cenital filtrada el lunes entre las nubes tiñó Ponferrada en un tono rojizo más propio de las áreas mediterráneas. Quizá por eso esta tormenta estival sea la más especial y la menos inoportuna en los últimos años para que, de una vez por todas, podamos olvidar a los que dijeron aquello de que «este año no va a haber verano».

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