Crespones negros de un pueblo minero para los mineros fallecidos

La multitud tomó la carpa del mercado.
La celebración convivió ayer en Páramo con un sentimiento más agrio, el de la pena. Tristeza por la muerte de los cinco mineros fallecidos en el pozo Emilio del Valle de Llombera de Gordón que se dejó notar en cada uno de los crespones negros que colgaban de las paredes de cada stand. Y es que en un municipio de arraigo minero como es Páramo, una tragedia de tal magnitud no puede pasar desapercibida. Tanto el alcalde, Ángel Calvo, como el presidente de la Ponferradina, José Fernández Nieto, refirieron palabras de condolencia que fueron arropadas por el aplauso del público. Calvo aprovechó el momento para insistir en la dureza de la mina y en lo que el trabajo entre carbón a varios metros bajo el suelo supone. «La mina es traicionera y dura», dijo el regidor, intentando desterrar la imagen de privilegio que algunos, como el ministro de Industrial, han intentando extender.