Diario de León

Un presente cimentado hace 90 años

Cementos Cosmos celebra la puesta de largo de su factoría de Toral que tuvo lugar el 16 noviembre de 1924. Materias primas, agua y el ferrocarril hicieron que los inversores madrileños y vascos que años antes habían constituido la Sociedad de Estudios Cosmos se decantasen por ubicar en el Bierzo «una grandiosa fábrica de cementos, no ya la mejor de su clase en España, sino en Europa», según recogían los periódicos de la época, tras cerrada pugna con la comarca de Valdeorras.

Imagen de la factoría de Cementos Cosmos con sus chimeneas de más de 40 metros.

Imagen de la factoría de Cementos Cosmos con sus chimeneas de más de 40 metros.

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j. c. f. | ponferrada
Ponferrada

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La pequeña Vizcaya que soñó ser el Bierzo tuvo una de sus escasas materializaciones con la construcción en Toral de los Vados de la cementera de Cosmos. Su puesta de largo, el 16 de noviembre de 1924, domingo en el calendario y fiesta grande para una comarca con sueños de grandeza, supuso la culminación de un proceso que había arrancado cinco años antes con la constitución de la ‘Sociedad de Estudios Cosmos’.

Esta sociedad, formada por un grupo de inversores madrileños y vascos, entre los que se encontraban personalidades de la época como el marqués de Villareal de Álava o el marqués de Aldama y constituida para sondear el mercado en el que materializar su inversión, constituyó Cementos Cosmos en 1919 «con un capital de dos millones de pesetas de la época y la previsión de una aportación futura de otros dos millones en bonos», según recuerda el director emérito de la cementera de Toral, Luis Arroyo.

La elección del Bierzo, y más concretamente Toral de los Vados, como lugar de emplazamiento estuvo motivado por dos razones: las materias primas (caliza y arcilla para las mezclas, junto al agua del Burbia, y carbón para los hornos) y la comunicación por ferrocarril (no sólo a través de la arteria principal a Galicia y Madrid ya construida, sino con el ramal que se detuvo en Villafranca pero que estaba proyectado que llegara a la costa asturiana). «Con todo, la elección final estaba entre Toral y el Barco de Valdeorras, y parece ser que se decataron por esta zona por la implicación decidida del alcalde en aquella época», recuerda Arroyo.

Hasta su inauguración en 1924, se procedió a la construcción de un complejo fabril que en principio estaba pensado para albergar un horno de vía húmeda —que rápidamente se mostró insuficiente para atender a la demanda— y que ocupaba una extensión de unos 8.000 metros cuadrados, y donde destacaban sus dos imponentes chimeneas con más de cuarenta metros de altura. Con una inversión de unos siete millones de pesetas de la época y unos 240 operarios, arrancaba una iniciativa empresarial que no se detenía sólo en la fábrica. A unos dos kilómetros de distancia, se encontraba la cantera de caliza, donde los operarios se afanaban, con medios de la época, que en muchos casos no pasaban de ser simples picos y palas, en arrancar de la montaña el mineral necesario para las mezclas. «El transporte se realizaba con una línea de baldes con una capacidad de una tonelada», precisa Arroyo. A este lado del río, se encontraba la cantera de arcilla —cuya explotación se clausuraría con la entrada en funcionamiento del horno seco—, que también se transportaba hasta la cementera a través de este bicable. Entre todos los frentes de trabajo, Cementos Cosmos llegó a contar con 800 operarios.

En 1927 Cementos Cosmos ya contaba con tres hornos de vía húmeda. «Se trataba de hornos de grandes dimensiones, de unos 50 metros de longitud y tres de diámetro, pues era necesario que la mezcla de arcilla, que se había licuado con agua, y la caliza fuera secando». Sin embargo, la crisis del 29 y la contienda civil derivaron en un frenazo a la producción.

De estos primeros años, Toral recuerda el cambio que supuso para el municipio la puesta en funcionamiento de la fábrica. «Entramos en la era industrial, aunque al principio la gente siguió compaginando ir la fábrica con los trabajos en el campo», precisa el alcalde de Toral, Pedro Fernández, quien recuerda que es una iniciativa empresarial que ha dejado sentir sus efectos en todo el Bierzo. «Sobre todo a partir de los años 70. Al principio, la mayoría de los trabajadores eran de Villadepalos y Toral, y los de la cantera de Corullón. Desde que la adquirieron los gallegos comenzaron a llegar de todo el Bierzo». La cementera pasó a marcar el pulso de la localidad y la comarca. Tanto con la sirena «que se convirtió en el reloj de todo el Bierzo» como con construcciones como el puente Remacha (1954) que conectó por carretera Toral con la cantera y que ahora sigue utilizándose como comunicación con Penedelo, o las escuelas públicas. «Las escuelas las construyó Cosmos, pero no a cambio de nada. Fue un intercambio por la explotación de la cantera de arcilla que era de la junta vecinal».

El crecimiento de la cementera se retomó en 1965 con la construcción del horno 4, el último de vía húmeda.

En los 70, Cosmos apostó por su modernización. Primero con la cinta para transportar caliza de la cantera a la nave de prehomogeneización y luego, en 1976 con el horno de vía seca, con una capacidad de 2.100 tm/día y que supuso, en la práctica, la puesta en funcionamiento de una nueva fábrica.

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