«La descuarticé cuando se desangró para que no encontraran el cadáver»
El autor del crimen de Bembibre reconoce los hechos tras muchas contradicciones.

El acusado, a la derecha, instantes antes de comenzar la vista oral en la Audiencia.
Manuel Dos Anjos Machado, el portugués acusado de acabar con la vida de otra indigente en Bembibre en noviembre de 2012, manifestó ayer que descuartizó el cuerpo de la víctima después de matarla «porque no quería que encontraran el cadáver».
Con evidentes dificultades de comprensión y audición para seguir el interrogatorio, el procesado reconoció los hechos pero incurrió en numerosas contradicciones. La vista oral resultó especialmente corta y farragosa en vista de los problemas para poder preguntar al sospechoso y tras decidir las partes que una vez asumida la autoría del crimen, no era necesario interrogar a buena parte de los testigos citados ni a la mayoría de los agentes de la Guardia Civil.
La Audiencia Provincial de León albergó ayer la primera sesión del juicio que bajo el sistema de jurado popular determinará mañana miércoles en el veredicto si Dos Anjos mató a la víctima por sorpresa y sin opción de defenderse, como sostiene el Ministerio Fiscal, que propone una pena de 20 años de prisión por asesinato, o si se trató de un homicidio, siguiendo la postura de su defensa. El letrado modificó su tesis y aunque en cualquier caso aceptaría que se calificara el delito cometido como tal, ya no considera que su inocente deba ser absuelto y retiró la petición de su escrito de calificaciones provisionales.
Según la fiscal, Dos Anjos y la finada, una ceutí de 42 años, eran habituales del barrio de la Estación de Bembibre, y dormían en una nave abandonada. El 17 de noviembre de 2012 se produjo una discusión. Ella se levantó de la cama para impedir que se fuera. De forma sorpresiva le propinó dos puñaladas, una en la yugular y otra en el abdomen, que le provocaron la muerte.
Cuando se desangró
Para no ser descubierto, esperó a que se desangrara del todo, la descuartizó metiendo las extremidades y la parte superior en una maleta y la parte inferior la envolvió en una manta. También añadió las ropas de la víctima y sus efectos personales, que después quemó. Tres días después se presentó en una Comisaría de La Coruña y confesó los hechos. La víctima tenía cinco hijos, tres de ellos menores de edad, tutelados por la Junta.
El acusado reconoció su relación sentimental con Rosa del Mar y que convivía con ella en el antiguo lavadero de carbón de la carretera de Viloria desde hacía dos años.
«No la pegué, sí la maté»
«Teníamos problemas de convivencia. Había muchas discusiones pero nunca la pegué. Sí la maté», dijo bajando la cabeza. «Discutimos porque dije aquel día que yo no bajaba a pedir a Bembibre. Ella estaba en la cama y yo bebiendo. Me levanté, me llamó de todo, me puse enfurecido y cogí el cuchillo de la mesa. Me vio perfectamente cogerlo», manifestó en contraposición a lo que dijo inicialmente ante la Guardia Civil. «Ella no se defendió. Yo le clavé el cuchillo en el cuerpo, pero en el cuello no le hice nada, se lo clavó ella sola al caer al suelo. Quedó tirada en el suelo». Balbuceó el sospechoso las siguientes respuestas, en las que pareció no comprender el significado de las preguntas y el interrogatorio se llenó de silencios. «La descuarticé con un hacha, no usé ningún cuchillo», volvió a manifestar en contraposición a lo alegado en sede policial. Acabó musitando que sí lo había utilizado.
«Pensaba tirarla por ahí»
«La descuarticé para que no dieran con el cadáver. Pensaba enterrarlo y tirarlo por ahí. Usé lejía para limpiarlo todo y en la hoguera que teníamos en casa quise quemar las cosas».
Reconoció que un testigo, otro indigente que vivía en la zona, le vio quemar cosas en la sangre «pero él no sabía lo que estaba quemando». En otra contradicción más, negó que la víctima llevara camisón en el momento del crimen.
Para explicar por qué supo descuartizar el cadáver con cierta pericia explicó que «es que ya era de día», aunque minutos antes había declarado que había sido justo a continuación del crimen, que según su primera versión había ocurrido en torno a la una de la madrugada. Pero no acertó a explicar cómo estando ebrio había practicado unos cortes tan precisos al cadáver.
Sostuvo que las contradicciones entre sus declaraciones se deben «a que venía uno y me preguntaba una cosa, luego otro me preguntaba otra y luego otro otra y no había quien se aclarara con la Policía».