Diario de León

TRIBUNALES

El atraco de la pistola de balines

Condenado a 16 meses de cárcel el drogodependiente que se disfrazó para robar 3.000 euros en un banco de Ponferrada y fue retenido por el director de la sucursal.

Los objetos que llevaba José Luis S.G en el momento del atraco.

Los objetos que llevaba José Luis S.G en el momento del atraco.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Una pistola de gas comprimido que dispara balines, una barba postiza, una bufanda, un gorro de invierno y una carpeta, un cuchillo de cocina en un bolsillo, un billete de diez euros ofrecido por la empleada de la entidad bancaria para que se marche, tres mil euros en billetes pequeños detrás de un mostrador, el director de la sucursal, que evita el robo, y media vida en prisión para purgar una adicción a las drogas. Son los ingredientes de la historia de un atraco frustrado; el que intentó llevar a cabo el madrileño José Luis S.G, de 51 años de edad, la mañana del 23 de diciembre en la sucursal de Novagalicia Banco en Ponferrada y por el que acaba de ser condenado a 16 meses de prisión por el juzgado de lo Penal de la ciudad, como responsable de un delito de robo con intimidación con empleo de arma en grado de tentativa, según la sentencia a la que ha tenido acceso este periódico.

José Luis S.G, que se ha pasado 24 de sus 51 años en prisión, condenado por robos relacionados con su dependencia de la heroína y la cocaína —tiene hasta 18 antecedentes penales—, no llegó a apuntar a nadie con la pistola de gas comprimido que dispara balines con la que un día antes de la última Nochebuena entró a atracar la sucursal de Novagalicia a las 8.20 horas de la mañana, cuando la oficina todavía no había abierto sus puertas al público. José Luis, según relataron fuentes judiciales y según confirma la sentencia, entró en la sucursal vestido con una funda de color azul mahón, con una barba postiza, una bufanda, y un gorro, y una carpeta para taparse la nariz y la boca; y bajando la voz y enseñando sólo los ojos, le pidió a una de las empleadas que preparaba la apertura de la oficina bancaria que «por favor» le diera todo el dinero. La dependienta —relataron las mismas fuentes— no le entendió bien y le pidió «por favor» que esperara unos minutos a que abriera el banco, momento en que José Luis S.G, que actuaba movido por su dependencia a los opiáceos, sacó la pistola calibrada para disparar balines de 4,5 milímetros por gas comprimido marca ASG —«arma reglamentaria pero no de fuego», aclara la sentencia—, pero descargada, y sin llegar a apuntarle con ella, le explicó a la empleada que aquello era un atraco.

La dependienta no se lo tomó del todo en serio y pensando que se trataba de un mendigo le ofreció 10 euros de su propio bolsillo para que se fuera. José Luis los aceptó, pero antes de salir de la entidad, ubicada en la céntrica calle Gómez Núñez, se dirigió al mostrador de la caja «donde había a la vista varios montones de billetes, cogiendo unos 3.000 euros en metálico», dice la sentencia. En ese momento, el director de la sucursal mantuvo «un leve forcejeo» con el atracador para sujetarle, José Luis cayó al suelo y suplicó inútilmente que le dejaran irse.

Los empleados del banco que declararon la semana pasada en el juicio reconocieron que en ningún momento sintieron miedo. La alarma ya estaba activada y la Policía Nacional llegó enseguida para detener al frustrado atracador, que llevaba barba postiza bajo la bufanda, una pistola de balines sin munición, una carpeta marrón para taparse la cara, un gorro de invierno y un cuchillo de cocina en los bolsillos que nunca sacó.

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