Un religioso «fuera de serie» que estaba enamorado de África

García Viejo, con varios niños en Sierra Leona.
Manuel García Viejo haría 70 años el día 10 de octubre. Natural de Folgoso de la Ribera, era africano de corazón. Todo el que le conocía coincide en señalar que era un enamorado de África, continente en el que llevaba ejerciendo como médico desde hacía 30 años. Trabajó en Ghana, Camerún y, finalmente Sierra Leona. Los últimos doce años, como director médico del Hospital San Juan de Dios de Lunsar. Allí decidió vivir y allí se encontró con la muerte.
Licenciado en medicina por la Universidad de Salamanca, pronto se involucró en las misiones. Su compromiso con África era tal que, en un principio, se negaba a ser repatriado. «Siempre nos había dicho que él no quería salir pasase lo que pasase, pero las decisiones cambian y las situaciones y las circunstancias», explicó, en declaraciones a la agencia Efe, el presidente de la Fundación Juan Ciudad y encargado de la oenegé que gestiona la cooperación internacional de la orden San Juan de Dios, Miguel Ángel Varona. Lo cierto es que fue su orden la que se puso en contacto con él y consiguió que accediera a regresar a España para ser tratado.
El mismo Varona lo recuerda como «un religioso fuera de serie», una persona «amigable, sencilla, dispuesta a ayudar, no buscando problemas». Dice que de él cautivaba su sonrisa, que ha dejado huella en los países africanos por los que pasó en las tres últimas décadas de su vida. Un continente que tuvo que abandonar por la fuerza, del que únicamente consiguió separarle el ébola.