Diario de León

ESPAÑOLES EN EL CORAZÓN DE ÁFRICA

Cuando ya ni se tiene miedo al ébola

«Si me tengo que morir, aquí hay mucha tierra para enterrar a la gente», sice sor Regina Casado, misionera berciana en senegal

La misionera berciana sor Regina Casado, en su trabajo en la barriada senegalesa donde ejerce

La misionera berciana sor Regina Casado, en su trabajo en la barriada senegalesa donde ejerce

Publicado por
MARÍA J. ALONSO | PONFERRADA
Ponferrada

Creado:

Actualizado:

África es para su espíritu una necesidad, no conoce otra forma de vida. No tiene miedo a la muerte, tampoco al ébola. Forma a jóvenes senegalesas a 15 kilómetros de Dakar y asume con serenidad que si el virus llega habrá que enfrentarse a él como desde hace mucho lo hace con otras enfermedades.

Sor Regina Casado descuelga el teléfono a 4.200 kilómetros de Ponferrada, en una barriada senegalesa situada a unos quince kilómetros de Dakar, la capital de este país africano. Allí son las 15.30. Aquí, dos horas más. Hace cinco días que esta misionera berciana, natural de Rodanillo (Bembibre) y perteneciente a la Orden del Santo Niño Jesús, regresó a Senegal después de pasar dos meses en España. Se vino cuando el ébola empezó a ser noticia y regresó con el virus ya en fase de epidemia. Todavía no tiene constancia de la muerte del misionero berciano Manuel García Viejo. Lo último que sabe de él es que fue repatriado a España e ingresado en el Hospital Carlos III de Madrid. Se entera del triste desenlace por quien escribe estas líneas y su voz tiembla por un instante, entre la sorpresa y la incredulidad. No le conocía pero si conoce bien, porque ella misma lo hace, su trabajo.

Sor Regina tiene 74 años y lleva 37 en África. No conoce otra forma de vida, no quiere conocerla, seguirá allí hasta el final. «Yo mientras pueda vivir, mientras no estorbe a la gente, mientras tenga la cabeza y la salud para trabajar, yo aquí me quedo y si me tengo que morir, me muero aquí. Por qué me tienen que llevar a morir a otro sitio. Aquí hay mucha tierra para enterrar a los muertos», asegura. No tiene miedo a la muerte y tampoco al ébola. En Senegal, el virus está bastante controlado. Se han contabilizado —según los datos oficiales— 74 casos pero ninguna muerte. Ella sólo tiene constancia de uno. «No me voy a exponer, pero si me llega, qué voy a hacer. La gente pobre muere, también sería mi turno», responde a la pregunta sobre cómo se enfrenta a la evolución de la epidemia. «No lo vivo como un trauma, no con miedo, porque si viviéramos con miedo, ese miedo acabaría matándonos porque hay tanta cosa...», afirma. Hay ébola sí, pero también malaria y tifus y malnutrición y polución, falta de salubridad y miseria. Mucha miseria que mata diariamente a mucha gente y esa gente —dice— «no sale en las noticias».

Pese a estar en la frontera con la zona cero del virus del ébola, ella ve esta enfermedad de lejos, como también lo ve la población que le rodea. «No tienen miedo, están en alerta y saben que hay que protegerse pero tampoco están ¡Ay, ay, ay, qué nos vamos a morir!, porque ya podríamos habernos muerto hace mucho tiempo de otra cosa».

Sor Regina Casado llegó a África en 1968 para abrir una misión en Camerún. En este país estuvo 22 años y desde hace más de quince ejerce en Senegal. Allí se encarga de la formación integral de un centenar de mujeres jóvenes de más de quince años. En el Centro de Promoción de la Mujer Calasanz les enseña a leer y escribir, así como nociones de sanidad preventiva, higiene nutricional, puericultura o socorrismo. Con ella, las jóvenes también aprenden a coser, cortar y bordar; hacer ganchillo, manualidades y cocina. África es para su espíritu una necesidad, como también lo era para el misionero de la Orden de San Juan de Dios Manuel García Viejo.

«Aquí la gente sufre mucho, te necesita. Yo no puedo vivir al lado de personas que se están muriendo o que pueden quedar inútiles para toda la vida y cerrar los ojos. Mis potencialidades me permiten pensar y hacer lo que pueda por ayudar a esta gente, entonces ya no tienes tiempo de preocuparte de si te va a llegar un dolor de cabeza, una fiebre u otra cosa. Te das a salvar a la gente que puedes», explica. En esta labor echa en falta la ayuda de fuera, de los gobiernos. «Ayudan puntualmente, pero no a erradicar estas enfermedades. Por ejemplo, la malaria está desde hace muchos años y muere mucha gente y no se dice. En la barriada donde yo estoy, está todo inundado de aguas podridas porque no hay saneamiento. Se les deja de lado porque se quiere o porque no se les conoce. Es terrible», manifiesta.

Así es fácil que se transmitan las enfermedades, así es fácil que muera tanta gente; pero aún así «hay que seguir adelante». «Esto del ébola llegó y se puede dar como no se puede dar. Pensemos en que no se extienda», concluye.

tracking