Narayola regresa al terror del siglo XV
Cincuenta actores del pueblo recrean en diversos escenarios dos noches de miedo.

Almas en pena, atormentadas, en mazmorras ancestrales, una de las recreaciones.
En Narayola no quieren saber nada del Halloween. Prefieren que nadie les compare con esa costumbre importada de los americanos, porque dicen que la fiesta que ellos producen nada tiene que ver con el ‘truco o trato’. Esta localidad de la llanura berciana se convierte cada año por estas fechas de Todos los Santos en un pueblo escénico de miedo.
Por obra de la asociación cultural Millares, este año han optado por celebrar la Noche del Terror echando la vista 600 años atrás. Cincuenta actores —la mayoría del pueblo— recrean de manera cuidada (en la vestimenta y maquillaje) y detallada (en el ambiente arquitectónico y urbanístico) quince escenarios de terror del siglo XV.
Lo organizan tan bien que el boca a boca circula. Y así, el pueblo fue invadido de visitantes las noches del pasado viernes y sábado. En grupos de unas ocho o diez personas, los que viajan a Narayola son espectadores partícipes de una representación teatral de calle de gran despliegue, personalizada. Los visitantes se adentran —con las calles de medio pueblo acotado para la ocasión, con el alumbrado público apagado y sustituido por antorchas y velas— en la vida de un manicomio; en habitaciones poseídas por muertos vivientes; en cementerios con personas durmiendo encima de las tumbas; con salas en donde hay mujeres y hombres con ropa manchada de rojo; con pasillos donde salen personajes transtornados; con cuadras donde sus moradores prefieren que te largues de allí; con obispos que mandan a brujas a la hoguera; con seres atormentados metidos dentro de unas jaulas de madera. Son más de 6.000 metros cuadrados de escenario andante y viviente. Cuentan hasta con una ermita de época perfectamente iluminada para la ocasión y con tumbas, muchas tumbas. Y hasta con un gato disecado. Hay soldados, mendigos y también herreros. Los que ven este espectáculo salen satisfechos porque cada año los de Narayola se superan a sí mismos.