Fallece el último guarda del poblado
El filón que busca Sierra Mining resultaba imposible de explotar con la tecnología de los años cincuenta. De hecho, la veta pasó inadvertida para los técnicos de la Compañía Minera Montañas del Sur. Los resultados de las investigaciones, sin embargo, todavía son confidenciales y habrá que esperar al menos un año antes de que Sierra Mining esté en condiciones de hacerlos públicos.
Los sondeos se ha llevado a cabo de forma tan discreta que ni siquiera el historiador Diego Castro, que acaba de concluir un estudio sobre la historia de la mina becado por la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, los conocía. Castro, que ha recomendado la inclusión de la mina y del antiguo poblado en ruinas en la Ruta Europea del Wólfram para su promoción turística, reconocía ayer que la reapertura de la mina con fines industriales «dinamizaría la zona económicamente». El historiador no se atrevía a aventurar si sería compatible una visita turística con la explotación del yacimiento. El poblado fue embargado en su día por el Banco Central, pero hoy sería necesario investigar su propiedad antes de plantearse una restauración. Las antiguas viviendas quedaron durante años bajo la vigilancia de Jovino García, el último guarda, que vivió en el complejo abandonado con su familia hasta 1980, pero después siguió pagando la contribución de su casa. García, siempre dispuesto a contar la historia de la mina, murió el mes pasado a los 90 años. «Lo vi nacer y lo vi morir», decía hace dos años a este periódico cuando hablaba del poblado.