Diario de León

villafranca del bierzo

El ciprés está sentenciado

Fumigan el árbol de la Anunciada y el primer experto que lo trató dice que no hay cura.

Un operario fumigaba ayer el ciprés de la Anunciada, subido a una grúa, a pesar de la lluvia.

Un operario fumigaba ayer el ciprés de la Anunciada, subido a una grúa, a pesar de la lluvia.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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El ciprés de la Anunciada está sentenciado. Pero todavía tardará casi cien años en morir. Lo dice Carlos Manuel Romero, catedrático de Biología Vegetal, ingeniero técnico forestal y el hombre que en 1990 dirigió los primeros tratamientos para atajar el hongo que carcome al árbol monumental del convento de Villafranca del Bierzo. «Está sentenciado sí, pero eso no lo veremos nosotros, a lo mejor nuestros nietos...», aseguraba ayer, en el día en que los técnicos de la empresa valenciana Imelsa, que ahora se encargan de la salud del árbol, procedían a nueva fumigación a través de una grúa instalada junto al convento

Y es que el ciprés de la Anunciada, plantado en 1606 por Doña María de Toledo, hija del virrey de Napoles y quinto marqués de Villafranca, Pedro de Toledo, es un árbol «de muerte lenta», explica Romero, que acaba de concluir un informe de una decena de páginas sobre la patología del famoso ejemplar. Afectado por el llamado ‘cáncer del ciprés’, que causa el hongo patógeno Seiridiumcardinale , el biólogo asegura que «es muy difícil de erradicar» y «en el caso del ciprés del Monasterio de las Clarisas de Villafranca del Bierzo, a la larga no tiene solución». Al ciprés «le sobra humedad y le falta temperatura media al año», lo que facilita el ataque de «hongos oportunistas». En un árbol tan longevo, que ha superado los cuatrocientos años «este periodo de debilitamiento se puede dilatar mucho tiempo», advierte Romero.

Los vientos que azotan la calle estrecha donde se encuentra y la caída en su día de un murete de contención y la colocación de un depósito para la calefacción del convento «hizo que se sacrificasen buena parte de las raíces», también han debilitado al árbol. «Es milagroso que el ciprés siga viviendo», valora Romero en su informe, que aboga por una «conservación realista, de mantenimiento y puramente técnica, que incluya la vigilancia de la estabilidad del árbol para evitar desgracias, sin manipulaciones políticas ni hacer concebir falsas ilusiones de curación».

Que lo trate la Junta

Romero recomienda a la institución que proceda, bien el Obispado de Astorga o bien el Ayuntamiento de Villafranca, que siga «un protocolo con la Junta de Castilla y León, que es quien tiene las competencias fitosanitarias, a través de sus servicios de Medio Ambiente, Agricultura y Cultura para seguir el tratamiento de mantenimiento». «El coste sería mínimo —añade el biólogo—. Lo que no se puede consentir tal y como están las cosas es abonar en el año 2004 un tratamiento de 4.500 euros» que en la actualidad «sería más del doble», especula Romero, que desconoce los detalles del trabajo actual de Imelsa.

Romero resume el tratamiento que recomienda en la aplicación de «fungicidas y vigorizantes foliares». Y hacerlo en primavera-verano y en otoño. Un día lluvioso como el de ayer no le parece el más adecuado. «Es como echarse una colonia cara, y después lavarse con jabón Lagarto», advertía, didáctico.

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