Zara rompe con el centro
La primera tienda de la cadena de Inditex fuera de Galicia abrió un Día del Padre de 1981 en Ponferrada y cierra 34 años después, en el Día de los Enamorados.

Zara echó el cierre de su emblemático establecimiento a las 20.30 horas.
Fue un 19 de marzo de 1981. Aún no se había cumplido un mes desde que Tejero entrara a tiros en el Congreso de los Diputados. España vivía los años de plomo, con el terrorismo de ETA en su peor momento. Leopoldo Calvo Sotelo presidía el Gobierno en sustitución del dimitido Adolfo Suárez. Y en Ponferrada era alcalde el socialista Celso López Gavela, quedaba todo por hacer en el parque del Temple, la montaña de carbón seguía creciendo, convertida en una inmensa escombrera que llenaba de hollín la ciudad cuando soplaba el viento, y hacía un año que el tren correo había realizado su último recorrido hasta Villablino.
Fue un Día del Padre de 1981, en una esquina de la hoy plaza República Argentina con la calle Ramón y Cajal y quince años antes de que el Ayuntamiento la convirtiera en una glorieta presidida por un reloj, cuando la cadena Zara abría en la ciudad su primera tienda fuera de Galicia e iniciaba una expansión desde la empresa familiar a la multinacional que hoy ha convertido a su fundador en uno de los hombres más ricos del mundo.
Treinta y cuatro años después, y en otro día señalado por el calendario como el de San Valentín el local cerraba ayer sus puertas en el centro de Ponferrada para concentrar su negocio, a los 13 empleados del establecimiento, en la tienda que mantiene en el centro comercial El Rosal, confirmando que el consumo está mudando al extrarradio. Por el camino ha quedado una mudanza al local nuevo, a sólo unos metros, el derrumbe del edificio de la cafetería San Remo, horas de ventas, la reforma de la plaza, la división del local para ceder la mitad a otra tienda textil y un amago de cierre que ahora se concreta. Ropa de oferta y dependientes que se afanaban en embalar zapatos en grandes cajas de cartón marcaron el último día de ventas.
No puede decirse que el idilio de Zara con la ciudad quedara ayer roto, porque no habrá despidos y las ventas continúan en El Rosal. Pero el cierre del establecimiento sí supone un motivo de preocupación para comercio de la plaza, que teme, en la mejor tradición del amante despechado, que sus clientes les sean infieles ahora con otros negocios del centro comercial.