Diario de León

La Audiencia fija el juicio por el crimen de Argayo para los días 15 y 16 de junio

El Ministerio Fiscal pide 20 años para el supuesto autor y 30 meses a los encubridores.

La esquela del fallecido, ante la vivienda en la que ocurrieron los hechos.

La esquela del fallecido, ante la vivienda en la que ocurrieron los hechos.

Miguel Ángel Zamora
León

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La Audiencia Provincial juzgará los próximos días 15 y 16 de junio, a partir de las 10.00 de la mañana, el crimen de Argayo, por el que el supuesto autor de los hechos se enfrenta a una pena de veinte años de prisión, acusado de un delito de asesinato y los otros dos sospechosos a una condena de dos años y medio de cárcel, considerados autores de encubrimiento.

El escrito de conclusiones provisionales firmado por el Ministerio Fiscal sostiene que Diego A.A., mayor de edad y sin antecedentes penales, se presentó en el domicilio de sus padres en Argayo del Sil sobre las 22.00 horas del 29 de abril de 2012 en compañía de su amigo Saúl D.C..

Ambos se encontraban junto a dos sobrinas de quince y diez años de edad respectivamente cuando se unió a la reunión Javier A. F. que pretendía felicitar a Diego por su cumpleaños. Instantes después, el padre de las dos menores requirió desde su casa que regresaran a su domicilio, habida cuenta de que al día siguiente tenían clase y ya era medianoche casi. No obstante, instantes después contravinieron las órdenes de su progenitor y salieron de la habitación para volver a estar en compañía de su tío y sus dos amigos.

«Venid de una puta vez, de mí no se ríe ni Dios», vociferó el padre de las jóvenes al descubrir lo que había ocurrido, por lo que las muchachas regresaron a su casa.

Por desobedecer

Una de las menores fue agredida por su padre con la zapatilla por haberle desobedecido, instante en el que la otra volvió a la sala donde estaban su tío y sus amigos para decirles que se fueran de allí a la vista de lo que estaba ocurriendo. Diego tomó un rifle de su propiedad y exclamó: «A mis sobrinas no las toca ni Dios, yo a este tío lo mato».

Los otros dos sospechosos decidieron abandonar el lugar a toda velocidad en coche. Diego armó la escopeta, trató de acceder a la vivienda en la que sus sobrinas estaban siendo agredidas de nuevo por su padre y al ver a su cuñado, se apostó con el rifle preparado y le gritó: «Atrévete conmigo, ven a pegarme a mí».

Ante los gritos, el padre de las menores dejó de pegarla y bajó al primer piso, donde el supuesto autor material del crimen le estaba esperando. Cuando lo tenía a cinco metros, le descerrajó un disparo en el corazón que lo dejó muerto en el acto.

Tras asegurarse de que la víctima había fallecido, el presunto autor del crimen comprobó que sus sobrinas estuvieran bien. La menor había llamado ya a su madre, que trabajaba en Lillo, y abandonó su puesto de trabajo inmediatamente para dirigirse hacia su domicilio.

El acusado llamó a sus dos amigos para que volvieran a Argayo. A través del sistema de manos libres pudieron comprobar cómo les manifestaba que su cuñado estaba muerto y oyeron a la niña pequeña pedirles que regresaran «porque estaban muertas de miedo». Ante el temor a verse implicados en los hechos y por la gravedad de lo ocurrido, los amigos del principal acusado decidieron no volver. Además, de camino se habían cruzado con un vehículo similar al de la esposa del fallecido y dedujeron que el sospechoso y su hermana podían arreglárselas solos.

La esposa del fallecido, su hermano y las niñas decidieron simular un robo en el lugar de los hechos y no desvelar la realidad de lo ocurrido, generando un tremendo desorden e la planta baja del inmueble y rompiendo el cristal de una de las entradas y tirando multitud de objetos al suelo. Posteriormente comunicaron con los dos amigos del acusado como autor, para contarles la línea de defensa y la coartada a seguir.

La madre de las pequeñas y los amigos del posible autor del disparo eran perfectamente conocedores de que estaban declarando en falso cuando prestaron testimonio ante la Guardia Civil y exculparon de los hechos al sospechoso.

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