El cámara berciano Carlos Toribio regresa de sus últimos trabajos en conflictos bélicos
Israel, Egipto, Libia, Túnez, Siria o Ucrania son algunos de los lugares donde ha retrasmitido.

Carlos Toribio es de Toreno.
Israel, Egipto, Libia, Túnez, Siria o Ucrania son algunos de los países en conflicto por los que ha peregrinado a lo largo de los últimos años el cámara berciano Carlos Toribio, desde que hace más de diez años se echara la mochila a la espalda para viajar a Iraq durante la conocida como Segunda Guerra del Golfo. «Yo empecé en el 2003 en Iraq como mochilero, me fui a probar suerte, ver que había y descubrí que me gustaba, que eso es lo que quería hacer». Esas son las palabras de un hombre que encontró su vocación en la profesión de retratar el lado más oscuro del mundo.
Este cámara, de 35 años y natural de Toreno, es parte del equipo de Overon (MediaPro), una de las empresas líder en la prestación de servicios audiovisuales para los principales canales de televisión nacionales e internacionales en el extranjero. Él es uno de los pocos profesionales especializado en conflictos, como reportero gráfico y jefe técnico, donde su empresa produce sus imágenes o da apoyo técnico para que diferentes televisiones hagan sus directos y sus noticias y puedan enviarlas.
Toribio comenzó su andadura como cámara durante la Segunda Guerra del Golfo, en Iraq, desde entonces ha estado en casi todos los conflictos modernos de Oriente Medio y Europa. La guerra entre Israel y Palestina, la conocida como Primavera Árabe y las revolucines de Egipto, Libia y Túnez, el conflicto sirio o el ucraniano son «momentos» que el berciano ha dado a conocer a través de su cámara.
Para Toribio uno de los aspectos más difíciles de su profesión es tratar de evitar, dentro de lo posible, la preocupación de su familia y sus seres queridos. De esta manera, recuerda una situación complicada que le sucedió al entrar en la ciudad ucraniana de Slaviansk: «Entrando allí, uno de los coches metió un par de tiros a la furgoneta, nos pararon y acabamos los dos en la cuneta, con una pistola en la nuca», recuerda, mientras se siente agradecido por que su productor fuera unos metros por delante con el ‘fixer’— persona local que actúa como traductor o guía, que además suele dar acceso a entrevistas que de otra manera sería difícil hacer—. «Entre los dos lograron convencerles de que éramos prensa, estuvimos unas siete horas retenidos y luego nos soltaron», finaliza.
A lo largo de estos años acumula cientos de experiencias, mientras comprueba como cada vez es más difícil el trabajo de la prensa en estos lugares, especialmente para los periodistas y fotoperiodistas freelance. «Antes tú te identificabas como prensa para poder hacer tu trabajo y moverte, ahora nos hemos convertido en un objetivo», lamenta Toribio, que tiene en mente a su amigo José Manuel López.