Diario de León

Ponferrada se mira en los ojos de Richmond

El Mundial de Ciclismo en la capital de Virginia pasa con más pena que gloria entre los ponferradinos un año después de acoger las pruebas.

Un graffiti recuerda en la avenida del Castillo que Ponferrada acogió el Mundial. Abajo, nadie miraba la prueba en el Café Museo.

Un graffiti recuerda en la avenida del Castillo que Ponferrada acogió el Mundial. Abajo, nadie miraba la prueba en el Café Museo.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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«¿Richmond? ¿la discoteca?». La broma se veía venir. Un año después de acoger el Mundial de Ciclismo, casi nadie sabía en Ponferrada que en la capital del Estado de Virginia, en la costa Este de los Estados Unidos, se celebraba ayer la prueba en ruta del nuevo campeonato. Sólo los muy aficionados, los que siguen fieles a las etapas televisadas del Tour de Francia o de la Vuelta a España, estaban pendientes de las aspiraciones de Alejandro Valverde y del equipo nacional que dirige Javier Mínguez. Richmond, en Ponferrada, es una sala de fiestas.

En la plaza de Fernando Miranda, donde el periodista escucha la broma a media mañana, se dejan ver algunos ciclistas entre las terrazas. Entre los más pequeños, pero con más afición, está Lucas, de cinco años. Vestido con un maillot verde y blanco de Caja Rural, con casco y cullotte , Lucas se entretiene con una bicicleta de su tamaño mientras su familia disfruta del aperitivo en una terraza. «No sabía que era hoy. Hace un año fui a ver todas las pruebas y las disfruté», dice su abuelo, José Vázquez. Y si se le pregunta sobre la repercusión económica, no entra en polémicas. «Ahí no entro. A mi me pareció muy bien organizado». A espaldas del periodista oyen la palabra Richmond. «¿En la discoteca?».

Ninguno de los transeúntes consultados sabía que Valverde se la jugaba ayer en la ciudad de Edgar Allan Poe. Pero la mayoría, salvo casos como el de José Vázquez, no tenía buen recuerdo del Mundial de Ponferrada. «No fue bueno para la ciudad. Las expectativas que se pusieron fueron muy superiores a la realidad», opina Alberto, que entra en la plaza en bicicleta, junto a su hija de siete años Carmen, también con las manos en su propio manillar.

Unos metros más allá, en la cola para comprar pollos asados en la avenida de España, Brenda y Christian tampoco tienen «ni idea» de que en Richmond, la ciudad, no la discoteca, se corría ayer la prueba reina del Mundial de Ciclismo. Al menos Christian, que lleva un corallín porque ha sufrido un accidente, sigue las grandes vueltas en la tele y si le preguntan por el nombre del favorito español al triunfo no duda. «Valverde». A los dos les gustó ver las pruebas hace un año, pero no tienen tan claro que el Mundial haya servido para algo práctico. «Parece que ha habido más gasto que beneficio», afirma Christian.

En la calle Fueros de León, otro transeúnte que pasea con su hija, ella con un patinete, es más crítico. «El Mundial fue un caos total. No se podía circular y el comercio no funcionó. Fue un desastre», opina Ángel.

Unos metros más allá, en la plaza de la República Argentina, Borja y su mujer empujan un carrito de bebé cada uno con sus dos hijos. Reacio a decir su nombre, Borja es de los pocos que sabe dónde está Richmond, aunque también desconozca que ayer se celebraba la prueba reina del Mundial. «Corro y juego al baloncesto», dice, «pero no me gusta el deporte profesional». Y lamenta que «en un mundo en crisis, todavía hay que se gasta cien euros en un acontecimiento deportivo». Y antes de seguir el paseo con su mujer, con los dos carritos, con sus dos hijos, reconoce que es de los que en septiembre de 2014 salió huyendo de Ponferrada para no sufrir el Mundial. «Lo hicimos deliberadamente», afirma.

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