Un exiliado para el carbón
La llegada de Marcelo Jorissen supuso el despuntar de una minería que ahora se recoge en el libro ‘Las gafas del belga’ .

‘El belga’ en el año 1922.
Testigo de excepción y actor protagonista de la transformación de «la idílica Tebaida en la postal moderna de progreso: vapor y electricidad», la figura del ingeniero de la MSP, Marcelo Jorissen, ‘el belga’ es la ‘excusa perfecta’ para rememorar el pasado de las comarcas del Bierzo y Laciana ligadas al sector de la minería del carbón. Un ejercicio de memoria histórica que se recoge a lo largo de las 470 páginas del libro ‘Las gafas del belga’ escrito por Víctor del Reguero y que ve la luz gracias a la colaboración del Consejo Comarcal, Cementos Cosmos, la Junta de Castilla y León, el Club Xeitu, el Museo de la Siderurgia de Castilla y León y la fundación Monteleón.
«Hombre de empresa», en el sentido paternalista de los empresarios de la primera mitad del siglo XX y «de principios, que siempre respondía ante su conciencia» —según reconoce Del Reguero—, Marcelo Jorissen llegó a España como en muchas ocasiones suelen hacerlo tanto otros: huyendo de una guerra, en este caso, de ‘La Gran Guerra’.
Su primera incursión en el Bierzo y Laciana fue para realizar el proyecto fin de carrera (año 1922) como ingeniero de minas. Un trabajo brillante que le llevó a unirse laboralmente, y de por vida, a la MSP.
Sin embargo ‘Las gafas del belga’ no es una publicación centrada en exclusiva en su figura, sino «que se vale de su trayectoria para trazar lo que es el transcurso de las cosas a su alrededor. Sobre todo el surgimiento de la minería anterior a la MSP, que, aunque fuera de forma testimonial ya existía en torno a año 1918 con pequeños empresarios, aunque más que empresarios habría que denominarlos aventureros», apunta Del Reguero.
El autor también destaca los capítulos dedicados a cuencas como la de Fabero y sus orígenes de la mano de Diego Pérez en torno a 1929.
Según apuntó ayer en la presentación de su último trabajo, ‘Las gafas del belga’ son el fruto de seis años de recopilación de datos y del «deseo de su hija de ver recogido en un libro el legado de su padre, tras haberse publicado el libro de memorias de su madre».