Diario de León

El aula de Campo, paradigma de la escuela rural

Sobrevive con 20 alumnos aunque sólo tres son del pueblo por su modelo de enseñanza. «Somos una escuela plural donde se potencian las capacidades de los alumnos y mantenemos una maravillosa colaboración con los padres, que se involucran en todas las actividades». Las tutoras del aula de Campo, defienden la escuela rural porque la educación es más cercana y se enseña a convivir. Su labor ha valido una Mención Honorífica de la Asociación Mejora su Escuela Pública.

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maría carro | ponferrada
Ponferrada

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El aula de Campo, adscrita al CRA de Toral de Merayo, está dividida en dos clases en las que estudian 20 alumnos. Ocho de ellos, de entre 4 y 7 años, comparten estancia y formación en la clase que engloba desde Infantil hasta segundo de Primaria. Los otros 12, con edades comprendidas entre los 8 y los 11 años, estudian en el aula de tercero a sexto de Primaria. Olga Batanero es la tutora de los más pequeños y María José Alonso se encarga de los de mayor edad. Junto a ellas, integran el equipo docente otros cuatro profesores que imparten inglés, música, educación física y religión, así como una especialista en psicología terapeútica.

Hasta aquí nada diferencia a este centro de otros enmarcados en el ámbito rural. Nada salvo que de los 20 alumnos, tan sólo tres residen en esta pedanía del Ayuntamiento de Ponferrada. Con la calculadora en la mano, las cuentas no saldrían ni para llenar una clase, pero el empeño y el trabajo de las dos tutoras, junto a la forma en la que se enseña a los niños y la complicidad de la dirección del CRA, no sólo han permitido que el aula de Campo siga abierta, sino también mantener las dos clases con ventaja sobre la ratio exigida, teniendo en cuenta que el mínimo es de doce alumnos. No obstante, no siempre la holgura fue tal. De hecho, hace tan sólo tres años, una matrícula de última hora permitió mantener la estructura y lejos de quedarse en cuadro, el número de matrículas aumentó, en parte, por el boca a boca de los propios padres, dispuestos a trasladar diariamente a sus hijos hasta Campo desde otros puntos y pueblos del municipio de Ponferrada, sólo para que participen de la educación que imparten María José y Olga.

En el aula de Campo, el plan educativo se cumple a rajatabla, es decir, sus alumnos estudian lo mismo que el resto, pero a parte del trabajo de rutinas, con los contenidos y objetivos que marca la ley, son muchos los temas que se abordan de una manera más innovadora, divididos en proyectos educativos más dinámicos, donde se potencian las capacidades que tiene cada alumno y se enseña de una forma menos encorsetada, a través de obras de teatro, romances, manualidades, bailes, excursiones y exposiciones en los que, no en pocas ocasiones, se involucran los propios padres u otros familiares.

«Estos proyectos surgen, a veces, por los propios intereses de nuestros alumnos. Por ejemplo, un día traen a clase su mascota y eso da pie a ponernos a investigar sobre los animales, convirtiendo lo que podría ser una simple lección en algo más interesante para ellos. Otras veces, la idea viene de celebraciones más generales, como el bicentenario de la Constitución de Cádiz, en torno al que preparamos un guión para un programa de radio (‘La Pepa, con aires bercianos’); o la Guerra de la Independencia, que estudiamos a través del ‘Romance de María Manuela’, que los niños aprendieron y dramatizaron», explicó la maestra María José Alonso. Egipto, Grecia o, este año, la figura de Gil y Carrasco, han centrado otros proyectos de innovación educativa en la que los niños aprenden disfrutando. En este último caso, a través del montaje de una obra de teatro.

«Es en la escuela rural, por sus características especiales, donde se pueden desarrollar mejor este tipo de proyectos», afirmó Alonso, haciendo especial hincapié en el vínculo que se establece entre los alumnos y con los padres y profesores. En Campo todos conforman una gran familia y el trato es extraordinariamente cercano. Esto es, precisamente, lo que destaca la madre de uno de los alumnos, para quien resulta muy enriquecedor que su hijo, de 4 años, comparta clase con otros niños mayores. «La experiencia es muy positiva, unos aprenden de otros y el hecho de que haya pocos niños permite una educación más cerca, específica y adaptada a cada alumno», destacó esta madre, convencida, poniendo el acento también en las facilidades de conciliación.

Los cumpleaños, las fiestas de estación o cualquier fecha relevante se celebra conjuntamente, en el patio del colegio, y asisten los padres, los abuelos, los tíos y cualquier familiar. En el aula de Campo se aprende la lección y se enseña a convivir, sin olvidar el vínculo que se establece con el entorno en el que se enmarca.

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