COSAS DE AQUÍ
Ponferrada en la ruta del Arca Perdida
Martínez-Pinna recorre en ‘Operación Trompetas de Jericó’ los lugares donde se ha buscado la reliquia sagrada

Reproducción del Arca en el desfile de la Noche Templaria.
Los nazis la buscaron en España, en mitad de la Segunda Guerra Mundial. Algunas pistas conducen a Etiopía, hasta la iglesia de Nuestra Señora de Sión. Y otras tradiciones, más o menos fantasiosas, la sitúan en el Pozo del Dinero de la Isla del Roble, llevada por los cruzados a Escocia, debajo del Monte de la Calavera, en Jerusalén, o en el castillo de Ponferrada, bajo la tutela de los antiguos caballeros templarios.
Es el talismán del pueblo judío, el cofre sagrado de la Cristiandad, el mito que alimentó la imaginación de Spielberg, pero también un objeto de culto que ha dejado un rastro de leyendas y habladurías a lo largo de la historia.
Del Arca de la Alianza, el lugar donde los hebreos guardaron las Tablas de la Ley que Dios le entregó a Moisés, se ha escrito casi tanto como del Santo Grial, la copa que contuvo la sangre de Cristo. Y el último que se ha atrevido a hacerlo es el historiador Javier Martínez-Pinna, especialista en Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua y profesor en un instituto de Alicante, que en Operación Trompetas de Jericó (Nowtilus) —titulado así en alusión al intento de Himmler por encontrar algún rastro del Arca y del Santo Grial durante su visita a la abadía de Monserrat— habla de los enigmas que rodean al que considera «el objeto de culto más importante de todos los tiempos» y de paso desmonta algunos mitos como el de su presencia en el castillo de Ponferrada, en primer lugar porque nunca se ha demostrado que los templarios encontraran la reliquia en Jerusalén.
«Sobre el Arca de la Alianza se han expuesto muchas teorías y distintas hipótesis, algunas totalmente fantasiosas y ajenas al sentido común, por eso mi intención ha sido presentar una obra rigurosa, alejada de planteamientos esotéricos y centrada en el estudio serio y minucioso de las fuentes documentales», explica Martínez a este periódico, que ha ya ha publicado otros estudios sobre los tesoros ocultos de la antigüedad, el enigma de la Mesa del Rey Salomón o las civilizaciones perdidas y colabora con publicaciones especializadas como la revista Clio .
Martínez-Pinna trata de demostrar la existencia histórica del Arca de la Alianza. Y lo hace a partir de «evidencias arqueológicas», «especialmente en Egipto, donde una serie de grabados mostrarían unos artefactos con innegables similitudes» con la reliquia judía, de la que se han elaborado varias réplicas con mayor o menor rigor respecto a sus descripciones.
El ensayo del historiador alicantino puede leerse como una guía de viajes, en torno a los lugares donde se ha querido buscar el Arca Perdida. Y uno de ellos es Ponferrada, que ha convertido las leyendas sobre el cofre y el Santo Grial en atractivo turístico cada verano con las fiestas de la Noche Templaria. La posibilidad de que los caballeros monjes hubieran escondido el Arca en alguna gruta o cavidad secreta sobre la que después se edificaría la actual fortaleza medieval sería, según Martínez-Pinna, «bastante improbable porque nunca se ha podido demostrar, más bien todo lo contrario, que los templarios hubiesen encontrado el Arca durante todo el tiempo que permanecieron en Tierra Santa».
Además de los aspectos arqueológicos, el libro aborda las consecuencias políticas y religiosas de la búsqueda de un objeto rastreado por arqueólogos y cazatesoros, «también por iluminados y farsantes», y que trajo a España en 1943 al jerarca nazi Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS que creó todo una división ‘ocultista’ dedicada a investigar el origen de la raza aria, la Deutsche Ahnenerbe, y apoyar sus teorías con el descubrimiento de piezas cargadas de simbolismo religioso.