El espacio natural de Las Médulas comienza a mostrar las heridas del turismo masivo
La llegada de 150.000 visitantes en el último año ha provocado que surjan voces, como la del pedáneo de Médulas, pidiendo una regulación.

j. c. franco | médulas
Una pareja de jubilados centroeuropeos se adentra en la Cuevona para comprobar si tras el recodo, la galería tiene continuidad hacia el averno. Una treintena de escolares ponferradinos, guiados por su profesor, se encaminan por la senda abierta a ‘golpe de zapatilla’, a medio metro de las paredes rojizas en busca del picacho más ‘retratado’. Un grupo de jubilados, escindido del grueso de tres autobuses que están estacionados en el aparcamiento de Médulas, hacen un alto para ‘achuchar’ un castaño centenario,... Un relato de hechos acaecidos en una mañana de un día cualquiera entre semana que retrata el tirón turístico que ha adquirido el paraje de Las Médulas, y al que no todos le ven únicamente beneficios. «Así es todos los días», afirma el pedáneo de Médulas, Pedro Diéguez, quien apuesta por reabrir un debate sobre la necesidad de regular las visitas que recibe este paraje.
En 2015 fueron en torno a 150.000 los visitantes que se acercaron a contemplar la antigua explotación aurífera romana. Este año, de continuar la progresión de los últimos, se volverá a superar esa cifra... «Y el espacio natural de Las Médulas ya está comenzando a sentir los efectos de esta masificación».
Si un visitante rompe una rama de un castaño, probablemente no pasará nada... Si son muchos de esos 150.000 visitantes, lo que sucede es algo muy parecido a una tala. Si un visitante arranca una piedra de un picacho rojo para llevársela de recuerdo o para apuntar a un charco es un acto incívico, si son varios miles, comienza a parecerse a una ‘voladura’ en una cantera... «Pues eso es lo que está pasando en los últimos tiempos aquí. Yo se lo comento a los agentes medioambientales que tiene la Junta aquí, que no sería necesario, pues tienen que verlo ellos mismos, y me dicen que poco pueden hacer mientras que no se regule el acceso de personas a la mina», señala Diéguez.
A la espera de esa regulación, que ya se contemplaba en el Plan de Ordenación de Recursos Naturales del Espacio Natural de Las Médulas aprobado por la Junta de Castilla y León en 2002, lo cierto es que las ‘heridas’ de esta masiva afluencia de visitantes ya comienzan a hacerse visibles en el medio natural del espacio reconocido como Patrimonio de la Humanidad.
Más allá de la vieja polémica entre visitantes y vecinos por la sustracción de castañas en los meses de otoño en los que se recoge este fruto, lo cierto es que la falta de delimitación de espacios por los que circular todo este ‘caudal humano’ que recibe el paraje está provocando que surjan multitud de sendas que están favoreciendo los procesos de erosión en este medio natural. Tal vez el más llamativo sea el que parte a escasos metros de la Encantada y que concluye en uno de los picachos rojos. «A fuerza de pasar por el mismo sitio se abren sendas hacia donde confluye toda el agua los días de lluvia, con lo que, al estar en pendiente, se produce una gran erosión pues la vegetación que lo agarraba ha desaparecido con las pisadas», apunta el pedáneo, quien teme tanto por los daños que está sufriendo el paraje, como por la integridad física de quienes se aventuran de forma inconsciente para ‘inmortalizar’ su subida a esta cima. «En el articulado de ese plan de ordenación de recursos naturales se ponía claramente que el desarrollo de actividades de uso público, como es el turismo, se supeditará en todo momento al mantenimiento y mejora del estado de conservación del paraje, y, a la seguridad de los visitantes. Y eso no se está haciendo».
De hecho el riesgo de salirse del itinerario habitual está siempre latente. «A dos metros de la senda, las intensas lluvias de la temporada pasada han hecho aflorar un agujero de unos dos metros de profundidad del que no había constancia. Afortunadamente nadie pisó allí y se fue para abajo», señala Diéguez.
De igual forma que la erosión pone en peligro la propia geomorfología del monumento natural, otro tanto sucede con algunos de los ejemplares castaños centenarios. El afán de los visitantes por inmortalizar su presencia en la tierra roja pisada en el pasado por los romanos está provocando que se descubran las raíces de algunos de los ejemplares más singulares y ‘fotogénicos’ . «Por no hablar de quienes rompen una rama para llevarse el recuerdo de una flor o del erizo. Hay que recordar que estamos en una zona donde está presente el chancro y que esta enfermedad del castaño se propaga por las heridas abiertas de estos árboles,...», señala el pedáneo de Médulas, quien recuerda que la única regulación sobre el cultivo del castaño es un cartel situado a la entrada del ‘circo’ de Médulas en el que se informa que «Las castañas son de propiedad particular. No las recojas» —asunto a tratar a parte es la forma en la que se hace pública esta advertencia: clavando el cartel directamente sobre un castaño que, a falta de ver su DNI, todo apunta a que fue plantado, al menos, en la pasada centuria—.
Esta ‘barra libre’ que existe en estos momentos en el paraje natural de Las Médulas se está viendo favorecida —como si algunos necesitaran alguna excusa— por la falta de mantenimiento en alguno de los elementos disuasorios o incluso por la habilitación de infraestructuras por la administración. Del primer caso puede dar fe la barrera de madera que obstaculizaba la libre penetración en la Cuevona y que ahora ha desaparecido en uno de los extremos. Del segundo las escaleras de madera habilitadas para adentrarse en la Encantada y darse de bruces con un cartel de ‘¡Peligro!’.
«La situación comenzaría a mejorar con el simple hecho de delimitar rutas de obligado paso. Así se evitarían hurtos, riesgos, daños teniendo controladas las visitas en una zona muy vulnerable», sentencia el pedáneo de Médulas, quien confía en que, «ahora la administración responsable mueva ficha».