El consumo de alcohol entre jóvenes crece en verano sin conciencia de riesgo

Beda constata que, en lo que va de año, el número de usuarios ha superado al de todo 2015.

Dos jóvenes consumen alcohol en la vía pública, una de las prácticas más extendidas en verano. F. OTERO

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León

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isabel pérez | ponferrada

La forma de beber ha cambiado entre los más jóvenes durante la última década. Mientras que hace algunos años se bebía en situaciones puntuales y de forma moderada, como una cerveza o un vaso de vino a la hora de comer, el prototipo compulsivo ha llegado para quedarse. A pesar de que antes también existía el consumo de alcohol entre adolescentes, éstos no seguían el patrón del ‘atracón’ ligado al modelo anglosajón —beber mucho en el menos tiempo posible para emborracharse antes—. Una conducta que se incrementa de forma notable durante los meses de verano y de la que no se escapan los habitantes de la comarca, especialmente preocupante porque no existe percepción de riesgo entre los jóvenes consumidores, según constatan tanto Beda como Proyecto Hombre.

La psicóloga del centro de Beda Patricia González Villalobos señala que existe un repunte de consumo en verano y también en Navidad, fechas dedicadas al ocio y a la diversión en mayor profundidad y relacionadas por tanto con el modo de beber de la juventud. Esta importancia del tiempo libre en el consumo de alcohol también lo señala el presidente de Proyecto Hombre, Jorge Juan Peña. Su organización dedica gran parte de sus esfuerzos a prevenir y combatir el consumo de alcohol entre jóvenes. Peña tiene claro que durante el verano y los fines de semana el consumo aumenta, algo que no indica que se trate de una adicción, sino que la pertenencia al grupo de iguales supone un condicionante clave en estas situaciones.

González Villalobos destaca, desde la perspectiva de Beda, la falta de percepción del riesgo que supone el consumo de este tipo de bebidas. Desde centros e instituciones sí se alerta de los peligros del alcohol pero —según la psicóloga— de lo que no se habla es de la dimensión psicológica que afecta al equilibrio y al bienestar. «Existe una barrera muy fina entre el consumo y la dependencia y, por lo tanto, es en esa etapa donde se necesita más apoyo y mayor interiorización», dijo, asegurando que «hay muchos programas de prevención, pero no sé hasta qué punto calan. El gran obstáculo está en que todo el mundo sabe que el alcohol es malo, pero no cuánto ni de qué manera».

Entre esos programas está ‘Indícale’ de Proyecto Hombre, que busca que los jóvenes de entre 12 y 21 años se alejen de las drogas legales e ilegales cuando existe un alto riesgo de su consumo, precisamente para llegar a tiempo en la etapa donde aún no ha surgido una adicción. En lo que va de año, ya se han igualado los usuarios que acudieron el año pasado al centro, por ello se prevé que se duplique el número. Un hecho en el que no sólo incide el aumento del consumo, sino también la difusión que ha recibido el programa.

De la obligación a la aceptación

Llegar a las puertas del centro, para alguien que aún no es adulto, se convierte en un hecho anecdótico. Es habitual que cuando entran a rehabilitarse estén en una fase ‘precontemplativa’ en la que no saben la dependencia que tienen. Por eso mismo intentan terminar el programa lo antes posible, con el único fin de satisfacer a quien le ha empujado a iniciar el proceso. Esta condición se extrapola también a los adultos, siendo un buen ejemplo el que 67 personas hayan pedido información en la entidad, pero solo 35 dieran el paso en lo que ha va de 2016.

Uno de los mayores avances que puede tener un consumidor adicto es llegar a la fase de ‘preparación para el cambio o para la acción’, en la que la persona es consciente de su problema y está dispuesta a tomar medidas. En ese momento es cuando se producen recaídas, un hecho que no supone un paso atrás. «Muchas familias se sienten decepcionadas o desanimadas cuando se produce una recaída, pero no es más que una parte de la recuperación», afirmó la psicóloga de Beda.

Perspectivas de aumento

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Pese a que la situación actual ya es alarmante, ambas asociaciones prevén un aumento de consumo en el rango de edad más pequeña. El alcohol se ha situado este año como la sustancia más consumida en todas las edades, por su cercanía y su normalización en la sociedad. Tal y como aseguró Jorge Peña, la prioridad de la sociedad en este momento no es mejorar el uso que se hace del tiempo libre y, por eso mismo, éste seguirá siendo un espacio dedicado al consumo del alcohol, dando como resultado a menores y jóvenes adictos a la bebida.