Diario de León

Carlos Fidalgo: «Tenemos que reinventarnos»

El periodista de Diario de León y escritor abrió las fiestas de la localidad de Bembibre con un pregón intimista y reivindicativo.

El periodista desgranó en su discurso los muchos motivos para sentirse orgullo de ser de Bembibre. ANA F. BARREDO

El periodista desgranó en su discurso los muchos motivos para sentirse orgullo de ser de Bembibre. ANA F. BARREDO

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dl | Ponferrada

Carlos Fidalgo, escritor y periodista de esta diario, salió ayer al balcón de la consistorial de Bembibre y, con un pregón intimista, emotivo y en cierta medida reivindicativo, abrió las fiestas patronales de su villa. Conocedor de primera mano de la realidad local, centró su mensaje en «los motivos para sentirse orgulloso de ser de Bembibre», intentando dar pistas para, entre todos, superar la crisis económica que atenaza a la comarca tras el declive del sector minero del carbón. «Aquel Bembibre bullicioso ya no lo es tanto. Aquella prosperidad que traía el carbón, incluso mi padre, os lo cuento, dejó el bar Pallarés para picar carbón, aquello se ha acabado. Tenemos que reinventarnos. Y alguno, viéndome en este balcón, me preguntará ¿cómo?», expresó Fildalgo para confesar acto seguido que él no tiene la respuesta, pero dejaba bien claro que no se puede «esperar a que venga alguien de fuera a sacarnos las castañas del fuego. Debemos hacerlo nosotros».

En ese intento de encontrar respuestas y soluciones, el periodista berciano optó por contar a los asistentes una historia. La historia del atleta checo Emil Zátopek. Emil pasó de ser un obrero anónimo en una fábrica de zapatos a convertirse en un héroe del atletismo en la Checoslovaquia del otro lado del Telón de Acero. Ganó cuatro medallas de oro y una de broce en los Juegos Olímpicos de Londres y Helsinki.

«En 1968, ya retirado, toda una referencia para sus ciudadanos, Emil Zátopek apoyó las reformas que había emprendido el nuevo gobierno, reformas que querían convertir la antigua Checoslovaquia en un país más democrático. Socialismo con rostro humano, le llamaron. Pero llegaron los tanques del Pacto d Varsovia y la Unión Soviética reinstauró el antiguo orden», relata Fidalgo.

Y fue así como a Zátopek lo castigaron, lo expulsaron del Ejército, lo desterraron a una mina de uranio y sólo lo dejaron volver a Praga para hacerle barrendero e intentar así humillarlo. Al atleta le asignaron la avenida principal para que lo vieran todos los vecinos, pero cuando se disponía a barrer, «cada vecino de aquella avenida tan larga se había tomado la molestia de barrer su parte de la acera para que no tuviera que hacerlo él».

Cree Fidalgo que quizá esté pasando aquí algo parecido. «Parece que estemos a punto de caer, pero no caemos. Y no lo haremos mientras cada uno barra su parte de acera». Eso sí, remata Fidalgo que «hagámoslo después de las fiestas y sabiendo que la locomotora que nos hace correr está dentro de nosotros».

Agradecido por su elección como pregonero, Carlos Fidalgo gritó el «¡vivan las fiestas del Cristo de Bembibre, viva Bembibre! y cerró pronunciando: «No bajéis nunca la cabeza».

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