El profesor atribuye el caso a una alumna «conflictiva» y a la dirección de la escuela
La fiscal eleva la petición de pena para el encausado a 1,7 años de cárcel y 10 de inhabilitación.

El profesor, de pie, ayer ante el juez y la fiscal, dijo que lo sucedido fue «una rabieta» por nota. ANA F. BARREDO
Manuel Félix | Ponferrada
El catedrático de la Escuela de Ingeniería Agraria del Campus de Ponferrada, R. G. P., se sentó ayer en el banquillo de los acusados frente al titular del Juzgado de lo Penal número 1 de la ciudad para responder de la acusación de acoso sexual vertida por C. G. G., una de las alumnas de sus asignaturas de Instalaciones Eléctricas y Proyectos entre los años 2006 y 2007.
Hubo básicamente dos versiones completamente contrapuestas. Por un lado, el profesor negó el acoso y cualquier insinuación sexual y atribuyó la denuncia a una persona «conflictiva», a una «rabieta», y a la «trampa saducea» de la dirección de la Escuela de Ingeniería Agraria (Estia), enfrentada a él por ser el director de Infraestructuras del Campus y pertenecer al grupo afín al rectorado, en aquellos momentos de elección a rector. Dijo que él es una persona respetable y educada y que han destrozado su vida, porque ha afectado a su situación personal profesional, familiar y psicológica.
Y por otro lado, se vio en el juicio la versión de la alumna —ahora ya con titulación universitaria—, quien se reafirmó en su acusación de acoso, de pánico hacia el profesor y en las insinuaciones de éste sobre lo «inteligente» que era para saber cómo tener más nota, además de declarar que la dejó paralizada, «planchada» y sin reacción, el escuchar de su boca al subirse la blusa: «Perdona C., pero es que te estaba mirando las tetas».
La alumna le solicitó en varias ocasiones revisión de exámenes, unas veces sola y otras acompañada y dijo que en una ocasión el profesor cerró con llave su despacho, con ella dentro, y él le preguntó qué nota quería. Ella grabó la conversación con su móvil y dijo que salió disparada del despacho sin saber cómo pudo abrir la puerta.
El profesor confesó ante el juez y la fiscal que, en efecto, después de varias reclamaciones con suspensos, al ponerle nervioso la actitud de la alumna «conflictiva» decidió finalmente aprobarla con un 5 para no volver a tener relación con ella, ante lo que creía iba a ser un problema muy serio y delicado.
Antes de comenzar el juicio la fiscal modificó la petición de penas para el catedrático, y si en un principio pedía 6 meses de prisión, ayer solicitó 1,7 años y 10 de inhabilitación, al mismo tiempo que la nulidad de pruebas de exámenes aportadas por la defensa, por poder afectar a la protección de datos de alumnos no implicados. La defensa solicitó la suspensión de la vista por esta sorpresa que no le habían comunicado, pero el magistrado Óscar Hernáiz ordenó seguir, al retirar las pruebas que pudieran afectar a terceros.
Fue así como comenzó un juicio que se prolongó desde las 10 a las 16.17 horas, y con más declaraciones de testigos a partir de las cinco de la tarde. Durante las 6 primeras horas, el profesor respondió a todas las partes, (fiscal, acusación particular a través de la asociación Adavas de víctimas de malos tratos, a su abogado y también al juez). A todos les dijo que era absolutamente falsa la denuncia. Y la alumna, en ocasiones con voz entrecortada, relató incluso otras situaciones que el profesor había ocasionado a otras, aludiendo a su condición física y que retiraron la acusación.