Diario de León
Publicado por
en memoria j. Álvarez de Paz
León

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D e él aprendí que un cliente que llega al despacho de un abogado, es una persona que pone en sus manos un asunto suyo, quizá de poca entidad, pero que a él le pesa como una montaña. Quizá alguien con baja asertividad, poco acostumbrado a ser tratado como igual. Juntos coincidimos, a la salida del largo túnel de la dictadura y a lo largo de la Transición a la democracia en Ponferrada, impulsando actividades solidarias junto a personas que no se sabía de dónde sacaban tiempo para las cosas del común provecho, los primeros pasos del Instituto de Estudios Bercianos, el Bachillerato nocturno, la enseñanza de Adultos, el Seminario Berciano de Estudios Sociales, el proyecto de Escuela Sindical en el barrio de los Judíos, de la mano de Beltrán, Ricardo Alberdi, Benítez o Taladriz, la asociación de alcohólicos rehabilitados, de Dorito el de Cacabelos, hombre menudo de cuerpo y grande de espíritu. De sus esfuerzos por impulsar los encuentros culturales en aquel espacio público con débiles pulsaciones, siendo él concejal de Ponferrada, no queda sitio ni para una telegráfica enumeración.

Juntos creamos Convergencia Socialista del Bierzo. Siendo él nuestro líder, un día me dijo, cuando su hermano Celso ya era candidato a la alcaldía: «hay que dar un paso más, `para defender en el Congreso el Pacto Constitucional que hemos suscrito, tienes que ser tú, que no tienes hijos, yo tengo cinco pequeños y debo ocuparme del despacho». Fue así como muchas personas, de todo el arco parlamentario, dieron el paso a la política, durante la Transición. Los últimos golpes repetidos, brutal el último, no acabaron con él, puños de boxeador y corazón de niño. Nada en la vida pudo doblar su testa de romano. Cuando vio a través del cristal el letrero de fin de trayecto, cerró tranquilamente el libro de Einstein que estaba leyendo, cedió a otro el asiento y se despidió cordialmente de todos.

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