Diario de León

CULTURA

Conde Gatón cumple medio siglo de vida sobre el escenario

El grupo de teatro ponferradino es el más longevo de Castilla y León tras estrenar su primera obra el 20 de noviembre de 1967 en el Adriano.

Momento de una visita teatralizada en el Castillo de Ponferrada realizada por Conde Gatón. DL

Momento de una visita teatralizada en el Castillo de Ponferrada realizada por Conde Gatón. DL

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León

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j. c. f. | ponferrada

Si sobrevivir es vencer, ganar al tiempo y derrotar a las modas, el grupo de teatro Conde Gatón, no sólo es un sobreviviente sino un triunfador. Así lo avala su medio siglo de vida sobre los escenarios —que cumple este año—, lo que le convierte en el grupo de teatro más longevo de cuantos existen en la actualidad en el territorio de Castilla y León. «Nunca hemos estado solos. El público nos sigue», resume el actual director del grupo (solo ha tenido dos a lo largo de su trayectoria), Ovidio Lucio Blanco, quien no duda en señalar a «la moral» de sus integrantes y «la libertad de hacer lo que nos gusta», como algunos de los secretos de ese pasado y la garantía de su futuro.

Sin embargo, antes de que Lucio Blanco tomara las riendas del grupo de teatro ponferradino —y de eso hace ya 45 años—el encargado de asir los primeros ‘libretos’ fue José Cruz Vega «Lo más difícil es que no había cultura de teatro local», recuerda.

El grupo de teatro Conde Gatón nacía como tal en el año 1967, como un apéndice más del club juvenil que venía funcionando en el edificio Domus Pacis, en la iglesia de San Pedro. Su primera obra —’Crimen prefecto’ — ni llegó a representarse, pero la situación cambió, y a finales de año, concretamente el 20 de diciembre del 67, cuando Conde Gatón, formado por 10 actores y actrices, — «con más voluntad que medios»—, estrenaba en el desaparecido teatro Adriano la obra de Víctor Ruiz Iriarte ‘La soltera rebelde’. Dos representaciones a las que asistieron 277 espectadores.

El grupo era incluido en 1969 en el Registro Nacional de Teatros de Cámaro o Ensayo y Agrupaciones Escénicas de carácter no profesional, mientras el Conde Gatón se iba consolidando y abriendo sus actuaciones a otros puntos de la comarca e incluso una incursión a Asturias.

Según apunta Cruz Vega, de la mano del grupo de teatro se fue generando en la ciudad un clima más propicio para las artes escénicas, como lo demuestra el hecho de que se organizasen desde un festival de teatro moderno a otro juvenil, coincidiendo con las fiestas de la Encina de 1969. Así surgieron en Ponferrada experiencias como las del café teatro que echaron a andar en el Temple.

Si prácticamente medios ni ayudas ‘oficiales’, lo que se compensaba con la ilusión de sus componentes, el grupo siguió realizando sus representaciones —hasta 1972, bajo la dirección de Cruz Vega realizó un total de 23 montajes escénicos—, si bien, recién arrancada la década de los 70 se intensificaron los problemas. «Nos desalojaron de los locales que ocupábamos en Domus Pacis y nos tuvimos que acomodar en unas pequeñas dependencias de la torre de la iglesia de San Pedro», apunta el exdirector del Conde Gatón, quien recuerda, como epílogo de su etapa al frente del grupo de teatro «la representación, como cierre de la ronda poética de las fiestas de la Encina de 1972, de una versión reducida del señor de Bembibre en el que César Gavela era el Conde de Lemos y Fernández Llamazares el Señor de Bembibre».

«Ellos eran un grupo de cámara y ensayo. Nosotros apostamos por hacer teatro comprometido, teatro denuncia», apunta Ovidio Lucio Blanco para distinguir entre las dos etapas que ha vivido el grupo de teatro ponferradino, a la vez que recuerda los años entre 1972 y 1975 como «un nuevo nacimiento desde cero, pues no había nada».

Lo primero, señala Ovidio Lucio fue reorganizarse. Buscar sus ‘cuarteles de invierno’, algo que encontraron en el salón parroquial de la Encina. «Fue clave que empezamos a formar parte del Instituto de Estudios Bercianos, pasando a ser una sección del IEB a propuesta de su presidente, Enrique Llamazares, lo que nos facilitó bastante las cosas».

Sin embargo, y pese a encontrarse ya en los últimos estertores de la dictadura, la censura continuaba haciendo su trabajo. «El libreto del Bebé furioso nos lo devolvieron lleno de tachaduras. Eliminaban todas la palabras que tenían que ver con la libertad. Luego tuvimos que hacer un pase privado según esas correcciones, pero a continuación volvíamos al texto original». recuerda el director de Conde Gatón durante los últimos 45 años.

La primera obra de esta segunda época del Conde Gatón —’¡Oh papá, pobre papá, mamá te ha metido en el armario y a mi me da tanta pena!’— se estrenó en 1975 . Mientras el Adriano, en sus últimos años se reservaba para el teatro comercial, el independiente de Conde Gatón se materializaba en escenarios como el salón del instituto Gil y Carrasco o escenarios al aire libre. Precisamente ahí, con el marco del castillo de Ponferrada, dos años más tarde vería la luz la primera adaptación de ‘El señor de Bembibre’. «En uno de los cursos de teatro que se organizaban vino un grupo de teatro barcelonés en el que estaba Eduardo Camacho, quien nos sugirió que realizásemos una adaptación de una obra local».

La primera representación fue una adaptación del propio Camacho. «Había cosas surrealistas, como un caballo hecho con virutas de acero de tres metros de altura. Hubo que segar el interior del castillo, pues era un teatro ‘itinerante’ con varios escenarios», recuerda Lucio Blanco, quien todavía conserva el reflejo que la representación tuvo en los medios de comunicación al «registrarse varios heridos e incluso una amenaza de bomba que obligó a desalojar el castillo».

En 1978, Conde Gatón volvía a hacer la mudanza, para trasladarse a la iglesia de San Antonio. «El IEB tenía las oficinas en la parte trasera y nosotros usábamos lo que eran la sacristía y la nave de la iglesia». En este escenario permaneció hasta que fueron desalojados durante el mandato de López Riesco.

Una trayectoria de medio siglo de vida en la que todavía no flaquean las fuerzas, no en vano para el próximo verano está previsto un nuevo montaje.

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