Diario de León

CATÁSTROFE ECOLÓGICA EN LA TEBAIDA BERCIANA

«Esto es el infierno, no vimos nada igual»

El fuego se aproxima a la cueva de San Genadio y las vistas desde Peñalba de Santiago son desoladoras Cruzar en coche el valle del Oza y subir a Montes de Valdueza es adentrarse en un paisaje muerto. Los vecinos no dan crédito.

Al fondo a la derecha está la cueva de San Genadio y se ve la humareda en la ladera cercana. ANA F. BARREDO

Al fondo a la derecha está la cueva de San Genadio y se ve la humareda en la ladera cercana. ANA F. BARREDO

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MANUEL FÉLIX | MONTES DE VALDUEZA

Los pájaros parecen cantar más tristes en Montes de Valdueza. Les queda mucho menos verde donde posarse. Un técnico de la Junta confiaba a este periódico el dato provisional de las 3.000 hectáreas arrasadas. La situación creada por la virulencia del fuego de estos últimos cuatro días la resumía uno de los vecinos del pueblo: «Esto es el infierno, nunca hemos visto nada igual».

Las palabras son de Víctor Fernández, un pescadero que estuvo 47 años trabajando en Madrid y que ahora, a sus 67 años, decidió cambiar los humos de la capital por el aire limpio de la Tebaida, en una casa con vistas al monasterio de Montes. Su esposa, Generosa González, no da crédito a lo sucedido. Aquí, el fuego se llevó por delante castaños centenarios, matas de robles y encinos, y no muy lejos de allí, hasta tejos. El fuego se ha encargado en algunos casos de quemar los orondos troncos de los castaños y detrás, la fuerza del viento los ha derribado a tierra. Eso sí, en Montes la gran labor del operativo contra el fuego logró salvar la riqueza ecológica de las Furnias, la masa que se ve frente al recinto monacal en fase avanzada de restauración.

Si Montes se ve desde lejos como una mancha verde clara, con tonos amarillos en medio de un negro intenso que parece comérlo todo, Peñalba de Santiago —considerado como uno de los pueblos más bonitos de España por su peculiaridad orográfica, arquitectónica, de fauna y flora— tenía a última hora de ayer el corazón encogido. Las llamas devoraron las laderas de los valles próximos y la amenaza es tan seria que el fuego llegó cerca de la turística cueva de San Genadio, donde la leyenda dice que el monje mandó callar al río que se traga la montaña y dio pie al reconocido Valle del Silencio eremítico.

Si por la franja sur de la Tebaida la marea negra y las lenguas de fuego se han tragado valles que se retuercen y ahuyentado bandadas de perdices, corzos y jabalíes, por la ladera norte, el panorama no es nada alentador. Al entrar con el coche por la pista de tierra que va desde el enlace de San Cristóbal a Peñalba (la que tantas veces se ha pedido asfaltar), la negrura abruma a la vista. Allí estaban los militares de la Ume, los forestales y brigadas de la Junta, policías y bomberos, trabajando a brazo partido.

Las pendientes son de vértigo y aún así, los efectivos de tierra entraron con mangueras ladera abajo. Los helicópteros siguen pareciendo mosquitos frente a la gran lengua de fuego y humo alborotador. Ver cómo sueltan el agua produce impotencia y desasosiego, algo así como si a alguien le diese por verter un vaso de agua en el océano.

Al amainar el viento demoledor de estos días, ha permitido que entrasen en la lucha también los hidroaviones. Esto hace que la gran catástrofe ecológica —ya certificada, dado que decir lo contrario sería mentir— no se desmadre. La panorámica que ofrecen los montes de la zona es desoladora.

En Peñalba hubo ayer quien lloró de pena, de rabia y de impotencia con los ojos clavados en la frondosa ladera verde que mira inocente hacia el pueblo.

Siguiendo el recorrido en coche desde Peñalba en dirección a Ponferrada, al atravesar el fondo y la parte media del valle del Oza lo que se ve repugna, inquieta y asombra. El panorama ofrece una estampa en la que los árboles aparecen desnudos, pintados de negro y apuntando al cielo sin vida. La virulencia del fuego ha sido tal que ha retorcido las vallas quitamiedos de la carretera. La quema ha sacado a la luz incluso chatarra de coches abandonada en una ladera. Lo que se ve no es la imagen adecuada para las visitas turísticas. Gran parte de estas montañas están calcinadas.

Los vecinos de la zona no se creen lo que está pasando y la indignación se acrecienta a medida que se va conociendo la magnitud del desastre ecológico.

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