EL BIERZO ■ SUCESOS
Un nuevo desprendimiento de tierra deja incomunicada a Peñalba por segunda vez

Estado en el que quedó la carretera tras el primer desprendimiento.
m. carro | Ponferrada
Peñalba de Santiago volvió a quedar incomunicada en la tarde de ayer tanto en el acceso por la carretera del Valle del Oza como por la pista de tierra que parte del pueblo de San Cristóbal de Valdueza. La fuerte lluvia registrada desde primera hora de la tarde provocó nuevos desprendimientos de tierra, rocas y maleza en el mismo punto que hace tan sólo unos días, según explicó la presidenta de la Junta Vecinal, Susana Rodríguez, que volvió a lamentar la situación que tienen que enfrentar vecinos y turistas por estos graves problemas que son consecuencia directa del gran incendio que asoló la Tebaida Berciana hace tan sólo unos meses.
El terreno ha quedado tan dañado que la acción de las trombas de agua deriva en desprendimientos y arrastres de tierra y maleza de grandes dimensiones. «A nada que llueve fuerte, nos encontramos con el mismo problema», aseguró la pedánea de esta turística localidad que vive, ahora mismo, su temporada alta. Precisante, los propietarios de negocios de turismo se quejaron ayer de la situación y se mostraron «indignados» por «la falta de medidas de seguridad y prevención de un riesgo que era predecible tras el devastador incendio de la Tebaida y la posterior sequía durante el verano», explicó uno de ellos, considerando «vergonzoso» que todavía no se haya asfaltado la pista de tierra que comunica Peñalba con San Cristóbal.
Él mismo, como propietario de una casa rural, sufrió ayer los efectos del nuevo derrumbe en el mismo punto de la carretera y de la pista de tierra, ya que unos clientes procedentes de Aragón tuvieron que dar la vuelta y quedarse en Ponferrada a la espera de poder acceder al pueblo más emblemático del Valle del Silencio.
Pero los residentes de Peñalba y los gerentes de los alojamientos rurales no sólo temen el daño que los derrumbes y estado de la carretera provocan al turismo, sino también y sobre todo la inseguridad que generan. «Si estos desprendimientos llegasen a caer encima de un vehículo, podríamos tener que lamentar graves situaciones en las que están en juego la salud y la vida de las personas».